Por Tito Martínez

(Estudiante de la Biblia) 

 

30 de enero de 2006

 

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Capítulo 5

La sepultura al modo judío

Por los Dres. Kenneth E. Stevenson y Gary R. Habermas

(Tomado de su libro "Dictamen sobre la Sábana del Mesías", editado por PLANETA)

 

El primer punto de comparación es el lienzo mismo. Los Evangelios dicen que Yahshua fue sepultado envuelto en un lienzo; y la Sábana de Turín resulta ser un lienzo fúnebre del cual aseguran los expertos que un día envolvió un cadáver. La imagen sindónica nos presenta a un hombre tendido boca arriba, con los pies bien juntos. Sus codos sobresalen de los lados, y sus manos están cruzadas sobre la región pélvica. Podemos comprobar que el lienzo estaba extendido longitudinalmente de pies a cabeza en la parte frontal y de la cabeza a los pies en la dorsal.

¿Se compagina este estilo de sepultura con la información del Nuevo Testamento? Lo cierto es que se compagina por lo menos con las costumbres judías, según lo que sabemos de fuentes extrabíblicas. Las recientes excavaciones en el recinto de la comunidad de Qumran nos revelan que los Esenios enterraban a sus muertos del modo representado en la Síndone. Se han encontrado allí varios esqueletos en posición supina, cara arriba, codos doblados hacia afuera y cubriendo sus manos la región pélvica.1 Los codos doblados y salientes descartan en absoluto el tipo egipcio de sepultura por momificación.

Es muy instructivo también el Código de la ley judía, donde se discuten las costumbres de sepultura en la sección "Leyes del duelo". Una de sus prescripciones es que una persona ejecutada por el Gobierno debe ser enterrada en una sola sabana.2 Otra coincidencia más con la Sábana Santa.

Si bien las descripciones que hallamos en el Nuevo Testamento sobre modalidades de sepultura típicamente judía en el siglo I no son muy detalladas, sin embargo descubrimos en ellas ciertas líneas generales. Se solía lavar el cadáver (Hechos, IX, 37) y atar las manos y los pies (Jn. XI, 44). Se le ponía un pañuelo de tela (en griego, sudarion) "alrededor" del rostro (Jn. XI, 44 y XX, 7). Después se envolvía el cuerpo en lienzos limpios, frecuentemente salpicado de especias (Jn. XIX, 39-40), y luego se le depositaba en una tumba. El Código de la ley judía añade que generalmente se le afeitaban completamente la cabeza y la barba y que se le cortaban las uñas de las manos antes del entierro.3

1. Edmund Wilson, The Scrolls from the Dead Sea, Londres, Fontana, 1955, pp. 50-51.

2. Code of Jewish Law, "Laws of Mourning", cap. 364, trad. Rabbi Revkir.

Sin embargo los Evangelios nos informan que la sepultura de Yahshua fue incompleta. Como estaba a punto de comenzar el Sábado, el cuerpo de Yahshua fue depuesto de la cruz y depositado en la tumba más bien precipitadamente. Ésta es la razón por la que las mujeres volvieron a la tumba el domingo por la mañana. Llevaban preparados aromas y ungüentos para el cuerpo de Yahshua, camino de su tumba, naturalmente. Está claro que ni se esperaban ni se imaginaban que Yahshua hubiera resucitado (Lc. XXIV, 3-4; Jn. XX, 12-15). Su objetivo era completar la unción del cuerpo de Yahshua con las especias preparadas al efecto (Lc. XXIV, 1; Mr. XVI, 1). Lo que les preocupaba era quién les ayudaría a mover la piedra de la entrada a la tumba, para poder así terminar la tarea empezada antes del sábado (Mr. XVI, 3).

No dicen los Evangelios en qué punto había quedado interrumpido entonces su trabajo. Lo que sí dicen es que Yahshua fue envuelto en un lienzo con aromas y con un pañuelo a la usanza judía (Jn. XIX, 40); pero no hay mención de lavado alguno del cuerpo. Hasta cierto punto por lo menos, la unción con aromas había sido incompleta, puesto que si las mujeres volvían a la tumba era precisamente para completar el ritual: que parte de él había sido omitido, si acaso, la Escritura no nos lo dice.

Si bien el hombre de la Sábana tiene todos los visos de ser judío, parece sin embargo también que no fue sepultado según el completo ritual de la sepultura judía; fue, es verdad, depositado como lo eran los judíos en el lienzo fúnebre prescrito, pero su cuerpo no fue lavado. Efectivamente, hay manchas que parecen de sangre claramente visibles en la imagen sindónica; y, por otra parte, no se le corto el cabello. Pero a pesar de que su sepultura tiene apariencias de haber sido apresurada, la Sábana en que fue envuelto aquel hombre es de excelente lino. De todas maneras, envolver un cadáver en un lienzo está en pleno acuerdo con la costumbre judía del siglo I.

3. Ver Code of Jewish Law, ibid. Véase también Giulio Ricci, "Historical, Medical, and Physical Study of the Holy Shroud", en Stevenson, p. 60.

La envoltura

 

No es fácil deducir de los Evangelios el modo exacto como envolvieron en el Lienzo el cuerpo de Yahshua, puesto que los cuatro evangelistas usan diferentes palabras griegas para describir el procedimiento. Marcos (XV, 46) dice que Yahshua fue envuelto en el lienzo (enéilesen). Mateo (XXVII, 59) y Lucas (XXIII, 53) describen cómo el cuerpo fue envuelto, enrollado, enfundado (enetylixen) en el lienzo. Juan (XIX, 40) dice que Yahshua fue envuelto, sujetado, atado, contenido (édesan) en el lienzo. Esas palabras griegas son semejantes, casi sinónimas, pero no nos indican claramente el modo de sepultura utilizado.4

Mc Dowell y otros creyeron encontrar un problema en las palabras de Juan que describen algo así como la "atadura" del cuerpo y sugieren que el cuerpo de Yahshua fue envuelto muy apretado, como las momias egipcias, procedimiento éste que no habría dado lugar a la formación de una imagen como la que quedó en la Sábana. Pero esa sugestión de semejanza al estilo egipcio se basa en variantes del texto de Juan. Hay algún manuscrito tardío que en ese pasaje usa un verbo que nos recuerda el estilo ceñido de apretar el cuerpo con los lienzos de envoltura. Pero la palabra aceptada en los textos es édesan, es decir, "envolver", "enrollar", "doblar", que es perfectamente compatible con las palabras usadas por los Sinópticos. En cambio la idea de que el cuerpo de Yahshua fuera atado o apretado fuertemente como se hacía con la momia es incompatible con la descripción que el mismo evangelista Juan nos ha dejado sobre el modo como Lázaro salió de la tumba cuando Yahshua lo resucitó de entre los muertos (Jn. XI, 44). Lázaro que había sido enterrado según la usanza judía, fue capaz de salir del sepulcro por su propia fuerza, a pesar de que se lo estorbara su mortaja, hasta el punto que tuvo que ser "desatado". Le habían atado los pies y las manos según la costumbre, pero mantenía suficientemente holgado el cuerpo.

En otras palabras, el tipo de envoltura sugerido por la Síndone es compatible con la técnica judía de sepultura. Particularmente, los métodos de sepultura descubiertos en el cementerio Esenio y los descritos en el Código de la ley judía dan la razón a la Sábana Santa. Tanto esas fuentes como la narración de Lázaro nos convencen que el tipo de envoltura exigido por la Sábana Santa estaba en vigor por lo menos en los tiempos de Yahshua, y hasta habría podido ser el más corriente por aquel entonces. Sea como fuere, lo que no se puede sostener es que a Yahshua hubieron de enterrarle al estilo de la momia egipcia.

4. Para comparación de estas diversas palabras, ver William F, Arndt y F. Wilbur Gingrich, A Greek-English Lexicon of the New Testament and Other Early Christian Literature, Chicago, University of Chicago Press, 1979, pp. 177, 264, 270. Cf. John A. T. Robinson, "The Shroud of Turin and the Grave-Clothes of the Gospels", en Stevenson, p. 24.

5. Josh McDowell y Don Stewart, Answers to Tough Questions Skeptics Ask About the Christian Faith, San Bernardino, California, Here's Life, 1980, pp. 165-166.

 

Los lienzos fúnebres

 

Hay otro punto aún, referente a la diferencia de las palabras usadas por los evangelistas para describir los lienzos empleados en la sepultura de Yahshua.7 Los Sinópticos dicen que fue envuelto en una sindon, palabra griega que denota un tejido de lino que podría haber tenido varios usos, incluyendo el de una sepultura. Por otra parte, Juan dice que Yahshua fue envuelto en othonia, plural de una palabra griega de significado incierto. Othonia ha sido traducido a veces como "tiras de lienzo" o "vendas", acepción ésta que resulta incompatible con una tela de casi cinco metros de largura que cubre todo el cuerpo de los pies a la cabeza, y de la cabeza a los pies. La palabra othonia parece abarcar todos los lienzos sepulcrales asociados con la sepultura de Yahshua: la gran sindon la Sábana o Síndone), al igual que los linos más pequeños que se hubieran utilizado para sujetar la mandíbula, las manos, los pies. De esta interpretación de othonia se ve corroborada por el uso que Lucas hace de la palabra: dice, efectivamente, Lucas 23:53 que Yahshua fue envuelto en una sindon, pero más tarde (24:12) nos narra que Pedro vio los othonia tendidos en la tumba después de la resurrección de Yahshua. Es decir: Lucas usa othonia como el plural de todos los lienzos sepulcrales, incluyendo la sindon.

Además, como hemos visto antes, las costumbres judías en sus ritos fúnebres están bien lejos de apoyar la idea de que los othonia de Juan se refieren a los vendajes de una momia. Los judíos no fajaban a sus muertos como momias, sino que los depositaban en lienzos, como lo indican el evangelio de Juan, los ritos sepulcrales de los esenios y el código de la ley judía.

6. Edward A. Wünschel "The Shroud of Turin and the Burial of Christ", Catholic Biblical Quarterly 7, 1945, y 8, 1946.

7. Para una competente discusión del tema, véase John A. T. Robinson, en Stevenson, pp. 23-30.

El mismo Juan insiste en que, en el caso de Yahshua, se siguió la costumbre judía (Jn. XIX, 40). Así pues, hay suficiente documentación escriturística de que Yahshua fue depositado en la tumba envuelto en un gran lienzo de mortaja.

Por tanto, los Evangelios se refieren a los lienzos sepulcrales a veces en singular y a veces en plural: cuando hablan de un solo lienzo es que se refieren a la Sábana Santa. Pero como Lucas (o tal vez una tradición más antigua) no tiene inconveniente en usar el plural (XXIV, 12) para designar algo a lo que antes se refirió en singular (XXIII, 53), el término "lienzos" puede todavía referirse a una sola pieza del material empleado. Por otra parte, cuando se trate de designar algo más que una sola pieza, la palabra "lienzos" muy probablemente significa el conjunto de Sábana más tiras o paños alrededor de la cabeza o sujetando muñecas y pies , como sugerido en Juan XI, 44 (a comparar con Juan XIX, 40). Apuntemos como detalle interesante que precisamente en las zonas mencionadas parecen distinguirse tiras de lienzo en la Síndone de Turín. De todas maneras, es perfectamente razonable la conclusión de que los Evangelios se refieren por lo menos a una gran Sábana de lino.

Otra aparente dificultad parece surgir de la narración sobre los lienzos fúnebres que los discípulos vieron en la tumba en la mañana de Pascua, y que nos han sido descrito tanto por Juan cómo por Lucas. Lucas dice que Pedro entró en el sepulcro vio los othonia, ese término genérico que incluye todos los lienzos fúnebres, incluyendo Sábana y posibles tiras para las extremidades. En cambio Juan nos ha dejado una definición detallada de lo que tanto él mismo como Pedro vieron, introduciendo con ello una palabra más en la lista de lienzos. Al entrar en la tumba vieron los othonia depositados o yacientes y el sudario enrollado por su cuenta. Pero Juan añade todavía el detalle de que el sudario había estado "alrededor de la cabeza" de Yahshua.

 

Sudarium significa "servilleta" o "lienzo para el sudor". Es decir, se trata de una pieza de tela de pequeñas proporciones. Si hubiese sido colocado sobre el rostro de Yahshua no habría aparecido imagen alguna de ese rostro en la Síndone. Y como la Síndone de Turín presenta la imagen de un rostro, la referencia al sudarion parecería impugnar la autenticidad de la Síndone. Y hasta creyeron algunos cristianos que ese pasaje del Evangelio era incompatible con el texto de la Escritura.

 

Sin embargo, un buen número de escrituristas saben que el sudarion no era en absoluto una tela colocada sobre el rostro de Yahshua. La Mishnah da instrucciones a los judíos para sujetar la mandíbula del cuerpo muerto (Shabbath XXIII, 5). El Código de la ley judía prescribe la práctica de atar la mandíbula.8 El pañuelo de Lázaro estaba enrollado "alrededor" de su rostro (en griego, 'perideo'), posición esta, por cierto, que concuerda mejor con la costumbre de mantenerle la boca cerrada al muerto atándole la mandíbula. Y añadamos que la observación que hace Juan sobre el pañuelo, que se encontró "enrollado"(en griego, entylisso) en la tumba vacía, corresponde exactamente al pañolón que se empleaba para sujetar la mandíbula.9

El escriturista británico John A. T. Robinson, especialista en el Nuevo Testamento, nos ofrece la más aceptable explicación sobre el sudarion. Dice que probablemente se trataba de una especie de barboquejo, o sea, un lienzo enrollado a modo de vendaje o tira larga, que se colocaba bajo el mentón, se extendía a ambos lados del rostro y se anudaba sobre el vértice de la cabeza, siendo su función la de mantener la mandíbula apretada cerrando la boca, antes de que sobreviniera la rigidez cadavérica. Notemos finalmente que el Nuevo Testamento, bien lejos de decir que el pañuelo estuviera colocado sobre el rostro, cubriéndolo por lo tanto, al emplear, en cambio, expresiones tales como "enrollado" y "alrededor de la cabeza" (Jn. XX, 7; comparar con XI, 44), nos describe una posición que concuerda con la de la imagen de la Sábana.

Esas tiras de tela a modo de barboquejos o "mentonnières" siguen usándose todavía para la misma finalidad -y es de suponer que lo mismo habrá sucedido en el siglo I- en tierras de Palestina. Por su parte, la imagen tridimensional recabada de la del rostro en la Sábana Santa, acusa la presencia de un pañuelo sujetando la mandíbula. Efectivamente, la cabellera del hombre de la Síndone aparece como separada de las mejillas, el cabello a la izquierda del rostro parece como sobresalir tras salvar el borde de un objeto: probablemente el pañuelo que sujetaba el mentón.10

8. Code of Jewish Law, "Laws of Mourning" caes. 351-352.

9. Arndt y Gingrich, pp. 270, 646.

Pero ¿por qué hará hincapié sobre este detalle del sudarion el Evangelio de san Juan? Efectivamente, el evangelista parece concederle gran importancia; y así, mientras describe el lienzo funeral tendido y yaciente, dice que el sudarion en cambio estaba enrollado en su lugar, para añadir luego que esté descubrimiento le indujo a creer.

No parece tan fácil deducir del texto griego exactamente qué particularidades había en la posición de los lienzos como para inducir a la fe (Jn. XX, 9), pero Robinson ofrece una explicación plausible de lo que allí se describe. Nos dice que al entrar los discípulos en la tumba vieron que la Sábana -y demás lienzos- yacían allanados, pero que el sudario permanecía, por lo visto retorcido y conservando su forma oval, tal como había sido anudado fuertemente alrededor de la cabeza de Yahshua para mantener cerrada su mandíbula. Había algo en esta escena que convenció a Juan de que los ladrones de tumbas no hubieran podido robar el cuerpo, como María Magdalena lo había anunciado al hallar que la piedra de entrada había sido corrida. Hasta aquel momento, según el Evangelio mismo lo explica, los discípulos no habían comprendido que Yahshua iba a resucitar de entre los muertos, pero ahora, al ver los lienzos sepulcrales, Juan creyó.

EL CUERPO SIN LAVAR

 

En la correlación Síndone-Nuevo Testamento hay otro interesante detalle al que ya nos hemos referido muy de paso: el cuerpo de Yahshua no lo lavaron. Y si la Sábana Santa nos presenta, sin duda alguna, un cuerpo sin lavar, tendremos que ver si el Evangelio dice algo con respecto a un hecho tan crucial como éste, porque ciertamente los judíos lavaban los cuerpos de sus muertos antes de la sepultura, como es corriente entre la mayor parte de los pueblos de cualquier cultura que sean. Con todo, los evangelios no dicen específicamente que el cuerpo de Yahshua se lavó: y buenas razones hay para pensar que efectivamente no fue lavado.

10. John Jackson, et al., "The Three-Dimensional Image on Jesus' Burial Cloth", en Stevenson, p. 91.

Los Evangelios dicen que con la llegada del Sábado quedaban descartadas algunas de las actividades pertenecientes a la sepultura de Yahshua (Lc. XXIII, 54-56). La Mishnah permite que se unja y se lave un cadáver en sábado, pero solamente si no había que mover ni una sola porción del cuerpo (Shab. XXIII, 3). En otras palabras, se habría podido lavar el cuerpo pero no se habría podido envolverlo en una sábana y transportarlo a la tumba; y por lo tanto, si no se podía completar todo el ritual fúnebre antes que comenzara el sábado, existía en consecuencia una razón suficiente para dejar el cuerpo sin lavar. No hay que olvidar que las mujeres volvían al sepulcro para ungir el cuerpo con los aromas que habían preparado (Lc. XXIV, 1; Mr. XVI, 1) y esa operación incluía entre sus finalidades la de limpiarlo también. Puesto que los Evangelios no han reseñado ninguna operación de lavado del cadáver, podemos deducir que este acto no se había producido, sino que se había dejado al cuidado de las mujeres para cuando terminara el sábado.11

De nuevo viene en nuestra ayuda el Código de la ley judía. Relata esta ley que, si bien el lavado y el corte del pelo y de las uñas era el procedimiento corriente en la práctica sepulcral judía, estas operaciones no se solían ejecutar en el caso de una persona ajusticiada por el Gobierno o por el Estado, ni en el de personas que hubieran muerto de muerte violenta.12 Y como estas dos excepciones se aplicaban al caso de Yahshua, el lavado de su cuerpo habría quedado en entredicho bajo estos dos cargos.

Hay otros indicios más de que el cuerpo de Yahshua no fue lavado, y es la información que Juan nos da al narrar que el cuerpo de Yahshua fue envuelto con una gran cantidad de aromas antes de la sepultura (XIX, 39-40). Puesto que las mujeres tenían que volver al sepulcro el domingo para ungir el cuerpo con aromas ¿cuál sería la diferencia entre la primera unción y la segunda?

La explicación más convincente es que habían acumulado tan gran cantidad de aromas alrededor del cuerpo de Yahshua antes de su sepultura, precisamente porque el cuerpo no había sido lavado. Esta gran cantidad de sustancias aromáticas,presumiblemente secas, habrían sido destinadas a servir de desinfectantes y retardadoras de la descomposición hasta cuando las mujeres pudieran ungir cuidadosamente el cuerpo, una vez pasado el descanso sabático. En cambio, aquellas especias que las mujeres llevaban consigo en la mañana de Pascua serían las que habrían sido utilizadas durante o después del lavado del cuerpo. Pero lo que al fin sucedió fue que aquella curación o tratamiento provisorio con especias antes de la sepultura resultó ser la única unción que recibió el cuerpo de Yahshua. Añadamos aún que el Nuevo Testamento no determina exactamente cómo se distribuyeron los aromas, pero ciertamente no hay contradicción alguna entre la Sábana Santa y los Evangelios: y no sólo en este punto, sino en ningún otro.

11. Robinson, en Stevenson, p. 25.

12. Code of Jewish Law, oLaws of Mourning", cap. 364.

Demos rápidamente una última ojeada a otro punto. Los Evangelios relatan que a Yahshua le clavaron las manos (Lc. XXIV, 39; Jn. XX, 20 y 25-27) mientras que al hombre de la Sábana le atravesaron las muñecas. Pero tampoco en esto hay discrepancia, al menos por dos razones. Primera: la palabra griega por "mano" puede referirse también a la muñeca, incluyendo a ambas bajo la misma voz. Segunda: al hombre de la Sábana le clavaron por la base. de la palma, una región que anatómicamente puede ser designada como "palma" y como "mano". Aun sin referencia a la Síndone, los expertos hace ya tiempo que han sostenido que a las víctimas de la crucifixión (incluyendo a Yahshua) se las clavaba por encima de la muñeca, ya que las palmas normalmente no habrían aguantado el peso de un cuerpo humano. (Véase capítulo diez.)

 

CONCLUSIÓN

 

¿Qué podemos deducir de esta comparación de la Síndone con los textos del Nuevo Testamento? La primera conclusión es de carácter histórico: la sepultura que recibió el Hombre de la Síndone está en perfecto acuerdo con costumbres judías del silo I en materia de sepultura, tal como se nos presentan en el Nuevo Testamento, en el Código de la ley judía y en los hallazgos arqueológicos de los Esenios.

Todas esas fuentes indican que los judíos no enterraban a sus muertos atados como momias sino que los depositaban en la tumba envueltos en un lienzo. Y fue ase como el hombre de la Síndone fue enterrado. Ésta es, con todo, una conclusión general, y no estamos en condiciones de sostener de una manera absoluta que el estilo de sepultura acordada al hombre de la Síndone fuera la costumbre universal en la Palestina del siglo I. Pero lo que este estudio propugna es que una sepultura por envolvimiento en un lienzo era el procedimiento presumible. La Mishnah, el Código de la ley judía, la usanza de enterramiento de los Esenios, y especialmente los textos del Nuevo Testamento, tales como Jn. XI, 44 y XX, 7 nos muestran que el rito fúnebre utilizado para el hombre sindónico era, por lo menos, una opción disponible para los judíos de aquella época.

En segundo lugar, podemos ya llegar a la conclusión de que la sepultura del hombre la Síndone se asemeja extraordinariamente a la sepultura dispensada a cierto judío del siglo I, cuyos detalles rituales son los que mejor conocemos: Jesucristo.

No se pudieron completar, en su caso, algunas de las prescripciones rituales de la ley judía, y luego acontecimientos posteriores impidieron subsanarlas después de su sepultura. En una palabra: así como sucedió probablemente en el caso de Yahshua, tampoco fue lavado el cuerpo del hombre de la Síndone.

La tercera conclusión a que nos lleva este estudio tiene gran relevancia con respecto a la cuestión de si el hombre de la Sábana es o no Jesucristo. No hay nada en el Nuevo

Testamento que descarte la posibilidad de que ese hombre sea Jesucristo. Queda, pues, en pie la posibilidad de que lo sea, ya que, si el Nuevo Testamento nos revela normas del sepelio judío en el siglo I, no nos describe en detalle el exacto procedimiento seguido en el entierro de Yahshua. Un estudio exegético no basta en nuestro caso para demostrar la identidad Yahshua = Hombre de la Síndone, pero tampoco podría deducirla si la imagen sindónica discordara sustancialmente de la versión que el Nuevo Testamento nos ofrece con respecto al modo como Yahshua fue crucificado y sepultado. La Síndone supera esta prueba. El hombre de la Sábana fue crucificado de la manera como crucificaron a Yahshua, y el más exacto estudio de los textos no presenta incompatibilidad alguna entre la sepultura del hombre sindónico y la de Yahshua.

Todavía una observación que merece la pena. A ningún falsificador medieval se le habría ocurrido pintar algo parecido a la Sábana de Turín, si se hubiera propuesto, como es de presumir, acomodar su arte a las descripciones del Evangelio sobre el sepelio de Yahshua. Probablemente habría pintado un velo facial utilizando el significado más natural de la ambigua palabra de sudarion empleada por Juan en XX, 7. Igualmente, habría podido pintar un cuerpo bien lavado, ya que habría tenido en cuenta que el libro de los Hechos (IX, 37) reseña que los cristianos lavaron el cuerpo de Tabita antes de proceder a su sepultura. A lo mejor se le habría ocurrido pintar una momia bien fajada. El obispo John A. T. Robinson declara que su natural propensión al escepticismo sobre la Sábana Santa recibió un duro golpe precisamente porque "no era tan fácil armonizarla con la versión que el Nuevo Testamento ofrecía con respecto a los lienzos fúnebres".13

Sin embargo, la cuestión de la autenticidad de la Sábana Santa debe ser definitivamente zanjada por procedimientos diferentes, como lo son los científicos. No hay duda de que la Síndone es compatible con los textos neotestamentarios y resulta favorecida por las costumbres y los escritos judíos. Si ahora también el escrutinio científico le resulta favorable, estaremos confrontados con un fuerte argumento en favor de su autenticidad.

13. Robinson, en Stevenson, p. 23.

Dres. Kenneth E. Stevenson y Gary R. Habermas

 

 

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