GUIÓN Para la Película
“la vida, muerte y resurrección de Jesús el Mesías”
Por
Tito Martínez
11 de marzo de 2026
Ampliado el 13 de marzo de 2026
CADA DÍA IRÉ AMPLIANDO EL GUIÓN DE LA PELÍCULA
NARRADOR:
La versión bíblica que hemos utilizado para esta película sobre Jesús es el testimonio de los apóstoles, escrita por el teólogo bíblico henoteista Tito Martínez:
https://www.las21tesisdetito.com/el_testimonio_de_los_apostoles.pdf
Obviamente el autor del guion de esta película ha hecho una selección de pasajes que encontramos en el Nuevo Testamento sobre la vida, muerte y resurrección de Jesús consiguiendo así una trilogía de aproximadamente tres horas de producción.
Antes de la creación del universo ya existía el Señor Jesús el Mesías juntamente con el Dios supremo, el Poderoso, el Padre celestial. Así lo leemos en el Evangelio de Juan capítulo 1 verso 1.
“En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con el Poderoso y el Verbo era poderoso”.
Este Verbo divino es Jesús el Mesías, el cual es eterno, jamás fue creado, sino que siempre existió junto con el Dios supremo que es el Padre celestial (el Poderoso), el mayor de todos los dioses del universo.
En Juan 1:14 leemos que este verbo divino, que es Jesús, se hizo carne y habitó entre nosotros.
En esta superproducción cinematográfica este Verbo divino y eterno llamado en hebreo Yeshua y transliterado al español Jesús va a ser el protagonista principal.
Comenzamos esta película con el siguiente pasaje del nacimiento de Jesús:
“El nacimiento de Jesús el Mesías fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido de la energía del Poderoso. José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente. Y pensando él en esto, he aquí un mensajero del Señor le apareció en sueños y le dijo:
ÁNGEL:
José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, de la energía del Poderoso es. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.
NARRADOR:
Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: el Poderoso con nosotros. Y despertando José del sueño, hizo como el mensajero del Señor le había mandado, y recibió a su mujer. Pero no la penetró sexualmente hasta que dio a luz a su hijo; y le puso por nombre JESÚS.
En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, y diciendo:
JUAN EL BAUTIZADOR:
Cambiad vuestra forma de pensar, porque el reino de los cielos se ha acercado. Pues éste es aquel de quien habló el profeta Isaías, cuando dijo:
Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, Enderezad sus sendas.”
NARRADOR
Cuando Jesús oyó que Juan estaba preso, volvió a Galilea; y dejando a Nazaret, vino y habitó en Capernaum, ciudad marítima, en la región de Zabulón y de Neftalí, para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo:
Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí,
Camino del mar, al otro lado del Jordán,
Galilea de los que no conocen al Poderoso.
El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; Y a los asentados en región de sombra de muerte, Luz les resplandeció.
Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir:
JESÚS:
“Cambiad vuestra forma de pensar, porque el reino de los cielos se ha acercado.”
NARRADOR:
Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando la Buena Noticia del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y se difundió su fama por toda Siria; y le trajeron todos los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos; y los sanó. Y le siguió mucha gente de Galilea, de Decápolis, de Jerusalén, de Judea y del otro lado del Jordán.
JESÚS:
Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.
Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis.
No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.
NARRADOR:
Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole, y diciendo:
CENTURIÓN:
Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado.
NARRADOR:
Y Jesús le dijo:
JESÚS:
Yo iré y le sanaré.
CENTURIÓN:
Respondió el centurión y dijo:
CENTURIÓN:
Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente dí la palabra, y mi criado sanará. Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo:
Haz esto, y lo hace.
NARRADOR:
Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían:
JESÚS:
De cierto os digo, que ni aún en Israel he hallado tanta fe. Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos; mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.
NARRADOR:
Entonces Jesús dijo al centurión:
Ve, y como creíste, te sea hecho.
Y su criado fue sanado en aquella misma hora.
Y entrando él en la barca, sus discípulos le siguieron. Y he aquí que se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca; pero él dormía.
Y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo:
DISCÍPULOS:
¡Señor, sálvanos, que perecemos!
Él les dijo:
¿Por qué teméis, hombres de poca fe?
Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza. Y los hombres se maravillaron, diciendo:
HOMBRES:
¿Qué hombre es éste, que aún los vientos y el mar le obedecen?
NARRADOR:
Entonces, entrando Jesús en la barca, pasó al otro lado y vino a su ciudad. Y sucedió que le trajeron un paralítico, tendido sobre una cama; y al ver Jesús la verdadera doctrina de ellos, dijo al paralítico:
Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados.
Entonces algunos de los escribas decían dentro de sí:
ESCRIBAS:
Este blasfema.
Y conociendo Jesús los pensamientos de ellos, dijo:
¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones?
Porque, ¿qué es más fácil, decir: Los pecados te son perdonados, o decir: ¿Levántate y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados
(dice entonces al paralítico):
JESÚS:
Levántate, toma tu cama, y vete a tu casa.
Entonces él se levantó y se fue a su casa. Y la gente, al verlo, se maravilló y glorificó al Poderoso, que había dado tal potestad a los hombres.
Pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo:
CIEGOS:
¡Ten misericordia de nosotros, Hijo de David!
Y llegado a la casa, vinieron a él los ciegos; y Jesús les dijo:
¿Confiáis que puedo hacer esto?
Ellos dijeron:
CIEGOS:
Sí, Señor.
Entonces les tocó los ojos, diciendo:
Conforme a vuestra confianza os sea hecho.
Y los ojos de ellos fueron abiertos. Y Jesús les encargó rigurosamente, diciendo:
Mirad que nadie lo sepa.
NARRADOR:
Pero salidos ellos, divulgaron la fama de él por toda aquella tierra.
Mientras salían ellos, he aquí, le trajeron un mudo, endemoniado. Y echado fuera el demonio, el mudo habló; y la gente se maravillaba, y decía:
GENTE:
Nunca se ha visto cosa semejante en Israel.
NARRADOR:
Pero los fariseos decían:
FARISEOS:
Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios.
JESÚS:
Os digo que todo aquel que me confesare delante de los hombres, también el Hijo del Hombre le confesará delante de los mensajeros del Poderoso; mas el que me negare delante de los hombres, será negado delante de los mensajeros del Poderoso. A todo aquel que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que blasfemare contra la energía del Poderoso, no le será perdonado. Cuando os trajeren a las sinagogas, y ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis por cómo o qué habréis de responder, o qué habréis de decir; porque la energía del Poderoso os enseñará en la misma hora lo que debáis decir.
NARRADOR:
Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia. Los nombres de los doce enviados son estos: primero Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano; 3 Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo el publicano, Jacobo hijo de Alfeo, Lebeo, por sobrenombre Tadeo, Simón el cananista, y Judas Iscariote, el que también le entregó.
A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo:
JESÚS:
Por camino de los que no conocen al Poderoso no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de favor inmerecido recibisteis, dad de favor inmerecido. No os proveáis de oro, ni plata, ni cobre en vuestros cintos; ni de alforja para el camino, ni de dos túnicas, ni de calzado, ni de bordón; porque el obrero es digno de su alimento. Mas en cualquier ciudad o aldea donde entréis, informaos quién en ella sea digno, y posad allí hasta que salgáis. Y al entrar en la casa, saludadla. Y si la casa fuere digna, vuestra paz vendrá sobre ella; mas si no fuere digna, vuestra paz se volverá vosotros. Y si alguno no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salid de aquella casa o ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies. De cierto os digo que, en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma y de Gomorra, que para aquella ciudad.
He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas. Y guardaos de los hombres, porque os entregarán a los concilios, y en sus sinagogas os azotarán; y aún ante gobernadores y reyes seréis llevados por causa de mí, para testimonio a ellos y a los que no conocen al Poderoso. Mas cuando os entreguen, no os preocupéis por cómo o qué hablaréis; porque en aquella hora os será dado lo que habéis de hablar. Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros. El hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y los hijos se levantarán contra los padres, y los harán morir. Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.
Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el fuego de la destrucción.
NARRADOR:
En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo:
Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó. Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.
Pasando de allí, vino a la sinagoga de ellos. Y he aquí había allí uno que tenía seca una mano; y preguntaron a Jesús, para poder acusarle:
JUDIOS:
¿Es lícito sanar en el día de reposo?
NARRADOR:
Él les dijo:
JESÚS:
¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si ésta cayere en un hoyo en día de reposo, no le eche mano, y la levante? Pues ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? Por consiguiente, es lícito hacer el bien en los días de reposo.
NARRADOR:
Entonces dijo a aquel hombre:
JESÚS:
Extiende tu mano.
Y él la extendió, y le fue restaurada sana como la otra. Y salidos los fariseos, tuvieron consejo contra Jesús para destruirle.
Entonces fue traído a él un endemoniado, ciego y mudo; y le sanó, de tal manera que el ciego y mudo veía y hablaba. Y toda la gente estaba atónita, y decía:
GENTE:
¿Será éste aquel Hijo de David?
NARRADOR:
Mas los fariseos, al oírlo, decían:
FARISEOS:
Este no echa fuera los demonios sino por Beelzebú, príncipe de los demonios.
NARRADOR:
Sabiendo Jesús los pensamientos de ellos, les dijo:
JESÚS:
Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá. Y si Satanás echa fuera a Satanás, contra sí mismo está dividido; ¿cómo, pues, permanecerá su reino? Y si yo echo fuera los demonios por Beelzebú, ¿por quién los echan vuestros hijos? Por tanto, ellos serán vuestros jueces. Pero si yo por la energía del Poderoso echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino del Poderoso. Porque ¿cómo puede alguno entrar en la casa del hombre fuerte, y saquear sus bienes, si primero no le ata? Y entonces podrá saquear su casa. El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama. Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra la energía del Poderoso no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra la energía del Poderoso, no le será perdonado, ni en esta era ni en el venidero. O haced el árbol bueno, y su fruto bueno, o haced el árbol malo, y su fruto malo; porque por el fruto se conoce el árbol.
¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas. Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás declarado justo, y por tus palabras serás condenado.
NARRADOR:
Mientras él aún hablaba a la gente, he aquí su madre y sus hermanos estaban afuera, y le querían hablar. Y le dijo uno:
PERSONA:
He aquí tu madre y tus hermanos están afuera, y te quieren hablar.
NARRADOR:
Respondiendo él al que le decía esto, dijo:
JESÚS:
¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos?
NARRADOR:
Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo:
JESÚS:
He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ése es mi hermano, y hermana, y madre.
NARRADOR:
Aquel día salió Jesús de la casa y se sentó junto al mar y se le juntó mucha gente; y entrando él en la barca, se sentó, y toda la gente estaba en la playa. Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo:
JESÚS:
He aquí, el sembrador salió a sembrar. Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron. Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron. Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno. El que tiene oídos para oír, oiga.
Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador: Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino. Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza. El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de esta era y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa. Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.
NARRADOR:
Les refirió otra parábola, diciendo:
JESÚS:
El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña. Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña? Él les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos? Él les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo.
Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero.
NARRADOR:
Entonces, despedida la gente, entró Jesús en la casa; y acercándose a él sus discípulos, le dijeron:
DISCÍPULOS:
Explícanos la parábola de la cizaña del campo.
NARRADOR:
Respondiendo él, les dijo:
JESÚS:
El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre. El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo. El enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin de la era; y los segadores son los mensajeros. De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de esta era. Enviará el Hijo del Hombre a sus mensajeros, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga.
NARRADOR:
Aconteció que cuando Terminó Jesús estas parábolas, se fue de allí. Y venido a su tierra, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que se maravillaban, y decían:
JUDIOS:
¿De dónde tiene éste esta sabiduría y estos milagros? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas?¿No están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde, pues, tiene éste todas estas cosas?
NARRADOR:
Y se escandalizaban de él. Pero Jesús les dijo:
JESÚS:
No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra y en su casa.
NARRADOR:
Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la desconfianza de ellos.
Y saliendo Jesús, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que de ellos estaban enfermos. Cuando anochecía, se acercaron a él sus discípulos, diciendo:
DISCÍPULOS:
El lugar es desierto, y la hora ya pasada; despide a la multitud, para que vayan por las aldeas y compren de comer.
NARRADOR:
Jesús les dijo:
JESÚS:
No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer.
NARRADOR:
Y ellos dijeron:
DISCÍPULOS:
No tenemos aquí sino cinco panes y dos peces.
NARRADOR:
Él les dijo:
JESÚS:
Traédmelos acá.
NARRADOR:
Entonces mandó a la gente recostarse sobre la hierba; y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió y dio los panes a los discípulos, y los discípulos a la multitud. Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos, doce cestas llenas. Y los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.
Pasó Jesús de allí y vino junto al mar de Galilea; y subiendo al monte, se sentó allí. Y se le acercó mucha gente que traía consigo a cojos, ciegos, mudos, mancos, y otros muchos enfermos; y los pusieron a los pies de Jesús, y los sanó; de manera que la multitud se maravillaba, viendo a los mudos hablar, a los mancos sanados, a los cojos andar, y a los ciegos ver; y glorificaban al Poderoso de Israel.
Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo:
JESÚS:
¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?
NARRADOR:
Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. Él les dijo:
JESÚS:
Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?
NARRADOR:
Respondiendo Simón Pedro, dijo:
PEDRO:
Tú eres el Mesías, el Hijo del Poderoso viviente.
NARRADOR:
Entonces le respondió Jesús:
JESÚS:
Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi Congregación; y las puertas del reino de la muerte no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.
NARRADOR:
Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era el Mesías.
Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día. Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo:
PEDRO:
Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca.
NARRADOR:
Pero él, volviéndose, dijo a Pedro:
JESÚS:
¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas del Poderoso, sino en las de los hombres.
NARRADOR:
Entonces Jesús dijo a sus discípulos:
JESÚS:
Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su madero de tormento, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? Porque el Hijo del Hombre vendrá con el resplandor de su Padre y con sus mensajeros, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.
NARRADOR:
Entonces vino uno y le dijo:
JOVEN JUDIO:
Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?
NARRADOR:
Él le dijo:
JESÚS:
¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: el Poderoso. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.
NARRADOR:
Le dijo:
JOVEN JUDIO:
¿Cuáles?
NARRADOR:
Y Jesús dijo:
JESÚS:
No cometerás asesinato. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio. Honra a tu padre y a tu madre; y, Amarás a quien está cercano a ti semejante a ti mismo.
NARRADOR:
El joven le dijo:
JOVEN JUDIO:
Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta?
NARRADOR:
Jesús le dijo:
JESÚS:
Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme.
NARRADOR:
Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.
Entonces Jesús dijo a sus discípulos:
JESÚS:
De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino del Poderoso.
NARRADOR:
Sus discípulos, oyendo esto, se asombraron en gran manera, diciendo:
DISCÍPULOS:
¿Quién, pues, podrá ser salvo?
NARRADOR:
Y mirándolos Jesús, les dijo:
JESÚS:
Para los hombres esto es imposible; mas para el Poderoso todo es posible.
NARRADOR:
Entonces respondiendo Pedro, le dijo:
PEDRO:
He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos?
NARRADOR:
Y Jesús les dijo:
JESÚS:
De cierto os digo que, en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su poder, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. Pero muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros.
NARRADOR:
Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a Jesús de noche, y le dijo:
NICODEMO:
Maestro, sabemos que has venido del Poderoso como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está el Poderoso con él.
NARRADOR:
Respondió Jesús y le dijo:
JESÚS:
De cierto, de cierto te digo, el que no nazca de lo alto no puede ver el reino del Poderoso.
NARRADOR:
Nicodemo le dijo:
NICODEMO:
¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?
NARRADOR:
Respondió Jesús:
JESÚS:
De cierto, de cierto te digo, el que no nazca del agua y del espíritu no puede entrar en el reino del Poderoso.
Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del espíritu, es un espíritu. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de lo alto. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del espíritu.
NARRADOR:
Respondió Nicodemo y le dijo:
NICODEMO:
¿Cómo puede hacerse esto?
NARRADOR:
Respondió Jesús y le dijo:
JESÚS:
¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto? De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio. Si os he dicho cosas terrenales, y no confiáis, ¿cómo confiaréis si os dijere las celestiales?
Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre.
Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él confía, no sea destruido, sino que tenga la vida eterna.
Porque de tal manera amó el Poderoso al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él confía, no sea destruido, sino que tenga la vida eterna.
Porque no envió el Poderoso a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por medio de él.
El que en él confía, no es condenado; pero el que rehúsa confiar, ya ha sido condenado, porque no ha confiado en el nombre del unigénito Hijo del Poderoso.
Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que hace lo malo odia la luz, y no se acerca a ella por temor a que sus obras queden al descubierto.
En cambio, el que practica la verdad se acerca a la luz, para que se vea claramente que ha hecho sus obras en unión con el Poderoso.
El que confía en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa confiar en el Hijo no verá la vida, sino que la ira del Poderoso está sobre él.
Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre por medio de su energía y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. El Poderoso es un Espíritu; y los que le adoran, por medio de su energía y en verdad es necesario que adoren.
NARRADOR:
Después de estas cosas había una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén.
Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos. En éstos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos.
Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo:
JESÚS:
¿Quieres ser sano?
PARALÍTICO:
Señor,
NARRADOR:
le respondió el enfermo,
PARALITICO:
no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo.
NARRADOR:
Jesús le dijo:
JESÚS:
Levántate, toma tu lecho, y anda.
NARRADOR:
Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Y era día de reposo aquel día. Entonces los judíos dijeron a aquel que había sido sanado:
JUDIOS:
Es día de reposo; no te es lícito llevar tu lecho.
NARRADOR:
Él les respondió:
PARALITICO SANADO:
El que me sanó, él mismo me dijo: Toma tu lecho y anda.
NARRADOR:
Entonces le preguntaron:
JUDÍOS:
¿Quién es el que te dijo: Toma tu lecho y anda?
NARRADOR:
Y el que había sido sanado no sabía quién fuese, porque Jesús se había apartado de la gente que estaba en aquel lugar.
Después le halló Jesús en el templo, y le dijo:
JESÚS:
Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor.
NARRADOR:
El hombre se fue, y dio aviso a los judíos, que Jesús era el que le había sanado. Y por esta causa los judíos perseguían a Jesús, y procuraban matarle, porque hacía estas cosas en el día de reposo. Y Jesús les respondió:
JESÚS:
Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo.
NARRADOR:
Por esto los judíos aún más procuraban matarle, porque no sólo quebrantaba el día de reposo, sino que también decía que el Poderoso era su propio Padre, haciéndose igual a un Poderoso.
Respondió entonces Jesús, y les dijo:
JESÚS:
De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente.
Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace; y mayores obras que estas le mostrará, de modo que vosotros os maravilléis. Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida.
Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió.
De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y confía en el que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.
De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo del Poderoso; y los que la oyeren vivirán.
Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo; y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre.
No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.
No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre.
Si yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio no es verdadero.
Otro es el que da testimonio acerca de mí, y sé que el testimonio que da de mí es verdadero. Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él dio testimonio de la verdad. Pero yo no recibo testimonio de hombre alguno; mas digo esto, para que vosotros seáis salvos. Él era antorcha que ardía y alumbraba; y vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en su luz. Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan; porque las obras que el Padre me dio para que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me ha enviado. También el Padre que me envió ha dado testimonio de mí. Nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su aspecto, ni tenéis su palabra morando en vosotros; porque a quien él envió, vosotros no le creéis.
Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida. Poder de los hombres no recibo. Mas yo os conozco, que no tenéis amor del Poderoso en vosotros. Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniere en su propio nombre, a ése recibiréis.¿Cómo podéis vosotros confiar, pues recibís alabanza los unos de los otros, y no buscáis la alabanza que viene del Poderoso único? No penséis que yo voy a acusaros delante del Padre; hay quien os acusa, Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. Porque si creyerais en Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero si no creéis en sus escritos, ¿cómo vais a creer en mis palabras?
NARRADOR:
Y hallándole al otro lado del mar, le dijeron:
DISCÍPULOS:
maestro, ¿cuándo llegaste acá?
NARRADOR:
Respondió Jesús y les dijo:
JESÚS:
De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis.
Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló el Poderoso el Padre.
NARRADOR:
Entonces le dijeron:
JUDIOS:
¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras del Poderoso?
NARRADOR:
Respondió Jesús y les dijo:
JESÚS:
Esta es la obra del Poderoso, que creáis en el que él ha enviado.
NARRADOR:
Le dijeron entonces:
JUDIOS:
¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer.
NARRADOR:
Y Jesús les dijo:
JESÚS:
De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan del Poderoso es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo.
NARRADOR:
Le dijeron:
JUDIOS:
Señor, danos siempre este pan.
NARRADOR:
Jesús les dijo:
JESÚS:
Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí confía, no tendrá sed jamás.
Mas os he dicho, que, aunque me habéis visto, no confiáis. Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera. Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y confía en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.
NARRADOR:
Murmuraban entonces de él los judíos, porque había dicho: Yo soy el pan que descendió del cielo. Y decían:
JUDIOS:
¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo, pues, dice éste: Del cielo he descendido?
NARRADOR:
Jesús respondió y les dijo:
JESÚS:
No murmuréis entre vosotros. Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por el Poderoso. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí. No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino del Poderoso; éste ha visto al Padre. De cierto, de cierto os digo: El que confíe en mí, tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida.
Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera. Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.
NARRADOR:
Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo:
JUDIOS:
¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?
NARRADOR:
Jesús les dijo:
JESÚS:
De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente.
NARRADOR:
Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaum.
Al oírlas, muchos de sus discípulos dijeron:
DISCÍPULOS FALSOS:
Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír?
NARRADOR:
Sabiendo Jesús en sí mismo que sus discípulos murmuraban de esto, les dijo:
JESÚS:
¿Esto os ofende?¿Pues qué, si viereis al Hijo del Hombre subir adonde estaba primero? La energía del Poderoso es lo que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son energía del Poderoso y son vida. Pero hay algunos de vosotros que no confían.
NARRADOR:
Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar. Y dijo:
JESÚS:
Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre.
NARRADOR:
Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él.
Dijo entonces Jesús a los doce:
JESÚS:
¿Queréis acaso iros también vosotros?
NARRADOR:
Le respondió Simón Pedro:
PEDRO:
Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos confiado y conocemos que tú eres el Mesías, el Hijo del Poderoso viviente.
NARRADOR:
Jesús les respondió:
JESÚS:
¿No os he escogido yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es calumniador?
NARRADOR:
Hablaba de Judas Iscariote, hijo de Simón; porque éste era el que le iba a entregar, y era uno de los doce.
Después de estas cosas, andaba Jesús en Galilea; pues no quería andar en Judea, porque los judíos procuraban matarle.
Estaba cerca la fiesta de los judíos, la de los tabernáculos; y le dijeron sus hermanos:
HERMANOS DE JESÚS:
Sal de aquí, y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces. Porque ninguno que procura darse a conocer hace algo en secreto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo.
NARRADOR:
Porque ni aún sus hermanos creían en él.
Entonces Jesús les dijo:
JESÚS:
Mi tiempo aún no ha llegado, mas vuestro tiempo siempre está presto. No puede el mundo aborreceros a vosotros; mas a mí me aborrece, porque yo testifico de él, que sus obras son malas. Subid vosotros a la fiesta; yo no subo todavía a esa fiesta, porque mi tiempo aún no se ha cumplido.
NARRADOR:
Y habiéndoles dicho esto, se quedó en Galilea.
En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo:
JESÚS:
Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que confíe en mí, como dice la Escritura, de
su interior correrán ríos de agua viva.
NARRADOR:
Esto dijo de la energía del Poderoso que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido la energía del Poderoso, porque Jesús no había sido aún elevado al rango superior.
Entonces algunos de la multitud, oyendo estas palabras, decían:
GENTE:
Verdaderamente éste es el profeta.
NARRADOR:
Otros decían:
GENTE:
Este es el Mesías.
NARRADOR:
Pero algunos decían:
GENTE:
¿De Galilea ha de venir el Mesías?¿No dice la Escritura que del linaje de David, y de la aldea de Belén, de donde era David, ha de venir el Mesías?
NARRADOR:
Hubo entonces disensión entre la gente a causa de él. Y algunos de ellos querían prenderle; pero ninguno le echó mano.
Los alguaciles vinieron a los principales sacerdotes y a los fariseos; y éstos les dijeron:
SACERDOTES Y FARISEOS:
¿Por qué no le habéis traído?
NARRADOR:
Los alguaciles respondieron:
ALGUACILES:
¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!
NARRADOR:
Entonces los fariseos les respondieron:
FARISEOS:
¿También vosotros habéis sido engañados? ¿Acaso ha confiado en él alguno de los gobernantes, o de los fariseos? Mas esta gente que no sabe la ley, maldita es.
NARRADOR:
Les dijo Nicodemo, el que vino a él de noche, el cual era uno de ellos:
NICODEMO:
¿Juzga acaso nuestra ley a un hombre si primero no le oye, y sabe lo que ha hecho?
NARRADOR:
Respondieron y le dijeron:
FARISEOS:
¿Eres tú también galileo? Escudriña y ve que de Galilea nunca se ha levantado profeta.
NARRADOR:
Otra vez Jesús les habló, diciendo:
Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.
Entonces los fariseos le dijeron:
FARISEOS:
Tú das testimonio acerca de ti mismo; tu testimonio no es verdadero.
Respondió Jesús y les dijo:
JESÚS:
Aunque yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de dónde he venido y a dónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo, ni a dónde voy. Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie. Y si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy yo solo, sino yo y el que me envió, el Padre.
Y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero. Yo soy el que doy testimonio de mí mismo, y el Padre que me envió da testimonio de mí.
Ellos le dijeron:
FARISEOS:
¿Dónde está tu Padre?
Respondió Jesús:
Ni a mí me conocéis, ni a mi Padre; si a mí me conocieseis, también a mi Padre conoceríais.
NARRADOR:
Estas palabras habló Jesús en el lugar de las ofrendas, enseñando en el templo; y nadie le prendió, porque aún no había llegado su hora.
Otra vez les dijo Jesús:
Yo me voy, y me buscaréis, pero en vuestro pecado moriréis; a donde yo voy, vosotros no podéis venir.
Decían entonces los judíos:
¿Acaso se matará a sí mismo, que dice: A donde yo voy, vosotros no podéis venir?
Y les dijo:
JESÚS:
Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no confiáis que yo soy, en vuestros pecados moriréis.
NARRADOR:
Entonces le dijeron:
JUDIOS:
¿Tú quién eres?
NARRADOR:
Entonces Jesús les dijo:
Lo que desde el principio os he dicho. Muchas cosas tengo que decir y juzgar de vosotros; pero el que me envió es verdadero; y yo, lo que he oído de él, esto hablo al mundo.
NARRADOR:
Pero no entendieron que les hablaba del Padre. Les dijo, pues, Jesús:
JESÚS:
Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo soy, y que nada hago por mí mismo, sino que según me enseñó el Padre, así hablo. Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada.
NARRADOR:
Hablando él estas cosas, muchos creyeron en él.
Dijo entonces Jesús a los judíos que habían confiado en él:
JESÚS:
Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.
NARRADOR:
Le respondieron:
JUDIOS:
Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres?
NARRADOR:
Jesús les respondió:
JESÚS:
De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre. Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres. Sé que sois descendientes de Abraham; pero procuráis matarme, porque mi palabra no halla cabida en vosotros.
Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído cerca de vuestro padre.
NARRADOR:
Respondieron y le dijeron:
Nuestro padre es Abraham.
NARRADOR:
Jesús les dijo:
Si fueseis hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais. Pero ahora procuráis matarme a mí, hombre que os he hablado la verdad, la cual he oído del Poderoso; no hizo esto Abraham. Vosotros hacéis las obras de vuestro padre.
NARRADOR:
Entonces le dijeron:
Nosotros no somos nacidos de fornicación; un padre tenemos, que es el Poderoso.
NARRADOR:
Jesús entonces les dijo:
Si vuestro padre fuese el Poderoso, ciertamente me amaríais; porque yo del Poderoso he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió.¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra. Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y jamás ha estado en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.
Y a mí, porque digo la verdad, no me creéis. ¿Quién de vosotros me redarguye de pecado? Pues si digo la verdad, ¿por qué vosotros no me creéis?
El que es del Poderoso, las palabras del Poderoso oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois del Poderoso.
NARRADOR:
Respondieron entonces los judíos, y le dijeron:
JUDIOS:
¿No decimos bien nosotros, que tú eres samaritano, y que tienes demonio?
NARRADOR:
Respondió Jesús:
Yo no tengo demonio, antes honro a mi Padre; y vosotros me deshonráis. Pero yo no busco mi alabanza; hay quien la busca, y juzga.
De cierto, de cierto os digo, que el que guarda mi palabra, no verá la muerte eterna.
NARRADOR:
Entonces los judíos le dijeron:
Ahora conocemos que tienes demonio. Abraham murió, y los profetas; y tú dices: El que guarda mi palabra, no verá la muerte eterna. ¿Eres tú acaso mayor que nuestro padre Abraham, el cual murió? ¡Y los profetas murieron! ¿Quién te haces a ti mismo?
NARRADOR:
Respondió Jesús:
JESÚS:
Si yo me alabo a mí mismo, mi alabanza nada es; mi Padre es el que me glorifica, el que vosotros decís que es vuestro Poderoso. Pero vosotros no le conocéis; mas yo le conozco, y si dijere que no le conozco, sería mentiroso como vosotros; pero le conozco, y guardo su palabra. Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó.
NARRADOR:
Entonces le dijeron los judíos:
JUDIOS:
Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?
NARRADOR:
Jesús les dijo:
JESÚS:
De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.
NARRADOR:
Tomaron entonces piedras para arrojárselas; pero Jesús se escondió y salió del templo; y atravesando por en medio de ellos, se fue.
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ÍNDICE
PRÓLOGO.
1- LOS DOS JEHOVÁS.
2- LOS DOS JEHOVÁS CREARON AL VARÓN A IMAGEN Y SEMEJANZA DE ELLOS.
3- 74 PERSONAS SUBIERON AL MONTE Y VIERON AL DIOS DE ISRAEL Y COMIERON Y BEBIERON CON ÉL.
4- EL ÁNGEL DE JEHOVÁ TAMBIÉN SE LLAMA JEHOVÁ.
5- MOISÉS HABLABA CARA A CARA CON EL SEGUNDO JEHOVÁ.
6-JESÚS RESUCITADO TIENE UN CUERPO DE CARNE Y HUESOS Y PUEDE COMER Y BEBER.
7- EL apóstol Pablo dijo que hay carnes celestiales.
8- CRISTO RESUCITADO ES ESPÍRITU VIVIFICANTE.
9- VIVIFICADO POR EL ESPÍRITU.
10- JESÚS RESUCITADO SIGUE SIENDO DEL LINAJE DE DAVID.
11- JESÚS VENDRÁ DEL CIELO DE LA MISMA FORMA QUE SE FUE.
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http://www.las21tesisdetito.com/el_sexo_celestial.htm
http://www.las21tesisdetito.com/joyas_de_la_verdadera_doctrina.htm
http://www.las21tesisdetito.com/creencias_fundamentales.htm
http://www.las21tesisdetito.com/el_espiritu_santo_es_el_poder_del_altisimo.htm
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