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Por Tito Martínez

27 de marzo de 2018

 

 

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Prólogo:

 

Jamás nadie en la Historia ha unido las narraciones de Mateo, Marcos, Lucas, Juan y el principio del libro de los Hechos de los Apóstoles en un solo documento, con el fin de dar un relato completo y fidedigno, en su orden cronológico, de como fue la pasión, muerte, resurrección y ascensión de Jesús al cielo. Sin embargo, ahora tiene usted ese documento delante de sus ojos.

En este librito usted tiene el relato completo y cronológico de como sucedieron todos esos acontecimientos históricos en Jerusalén y en Galilea.

Como puede ver, todos esos relatos los he ordenado y dividido por personajes, con el fin de que cualquiera pueda realizar un relato en audio y en grupo de todos esos eventos que comenzaron con la Ultima Cena, y que culminaron con la ascensión de Jesús al cielo desde el Monte de los Olivos.

Sin duda este documento único será de gran bendición para todos aquellos que aman la verdad, y que desean tener un relato completo y ordenado de lo que realmente sucedió en Jerusalén y en Galilea en la época de Jesús, siendo gobernador romano de Judea Poncio Pilato.

La versión bíblica que he utilizado en este documento es el Nuevo Testamento de los santos de Dios, realizada por un servidor:

http://www.las21tesisdetito.com/nuevotestamento.htm

Disfruten de dicho relato.

 

 

NARRADOR:

La comida de Pascua de Jesús con sus apóstoles

 

Estaba cerca la fiesta de los panes sin levadura, que se llama la pascua.

Y los principales sacerdotes y los escribas buscaban cómo matarle; porque temían al pueblo.

 Y entró Satanás en Judas, por sobrenombre Iscariote, el cual era uno del número de los doce; y éste fue y habló con los principales sacerdotes, y con los jefes de la guardia, de cómo se lo entregaría. Ellos se alegraron, y convinieron en darle dinero. Y él se comprometió, y buscaba una oportunidad para entregárselo a espaldas del pueblo.

 El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, vinieron los discípulosa Jesús, diciéndole:

 

DISCIPULO 1:

¿Dónde quieres que preparemos para que comas la pascua?

 

NARRADOR:

Y él dijo:

 

JESUS:

Id a la ciudad a cierto hombre, y decidle: El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa celebraré la pascua con mis discípulos.

 

NARRADOR:

Y los discípulos hicieron como Jesús les mandó, y prepararon la pascua.

 

Jesús lava los pies de sus discípulos

 

 Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin. Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase, sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido del Poderoso, y al Poderoso iba, se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó.

Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido. Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo:

 

PEDRO:

Amo, ¿tú me lavas los pies?

 

NARRADOR:

Respondió Jesús y le dijo:

 

JESUS:

Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después.

 

NARRADOR:

Pedro le dijo:

 

PEDRO:

No me lavarás los pies jamás.

 

NARRADOR:

Jesús le respondió:

 

JESUS:

Si no te lavare, no tendrás parte conmigo.

 

NARRADOR

Le dijo Simón Pedro:

 

PEDRO:

Amo, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza.

 

NARRADOR:

Jesús le dijo:

 

JESUS:

El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos.

 

NARRADOR:

Porque Jesús sabía quién le iba a entregar; por eso dijo: No estáis limpios todos.

 Así que, después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo:

 

JESUS:

¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro, y Amo; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Amo y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su Amo, ni el enviado es mayor que el que le envió. Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis. No hablo de todos vosotros; yo sé a quienes he elegido; mas para que se cumpla la Escritura: El que come pan conmigo, levantó contra mí su calcañar.

Desde ahora os lo digo antes que suceda, para que cuando suceda, creáis que yo soy. De cierto, de cierto os digo: El que recibe al que yo enviare, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió.

 

NARRADOR:

Jesús anuncia la traición de Judas

 

 Habiendo dicho Jesús esto, cuando llegó la noche, se sentó a la mesa con los doce. Y mientras comían, se conmovió en espíritu, y dijo:

 

JESUS:

De cierto, de cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar.

 

NARRADOR:

Y entristecidos en gran manera, comenzó cada uno de ellos a decirle:

 

DISCIPULO 2:

¿Soy yo, Amo?

 

NARRADOR:

 

Entonces los discípulos se miraban unos a otros, dudando de quién hablaba. Y uno de sus discípulos, al cual Jesús amaba, estaba recostado al lado de Jesús.

 A éste, pues, hizo señas Simón Pedro, para que preguntase quién era aquel de quien hablaba. El entonces, recostado cerca del pecho de Jesús, le dijo:

 

JUAN:

Amo, ¿quién es?

 

NARRADOR:

Respondió Jesús:

 

JESUS:

El que mete la mano conmigo en el plato, ése me va a entregar. A la verdad el Hijo del Hombre va, según está escrito de él, mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido.

A quien yo diere el pan mojado, aquél es.

 

NARRADOR:

Entonces respondiendo Judas, el que le entregaba, dijo:

 

JUDAS:

¿Soy yo, Maestro?

 

NARRADOR:

Le dijo:

 

JESUS:

Tú lo has dicho.

 

NARRADOR:

Y mojando el pan, lo dio a Judas Iscariote hijo de Simón. Y después del bocado, Satanás entró en él.

Entonces Jesús le dijo:

 

JESUS:

Lo que vas a hacer, hazlo más pronto.

 

NARRADOR:

Pero ninguno de los que estaban a la mesa entendió por qué le dijo esto. Porque algunos pensaban, puesto que Judas tenía la bolsa, que Jesús le decía: Compra lo que necesitamos para la fiesta; o que diese algo a los pobres. Cuando él, pues, hubo tomado el bocado, luego salió; y era ya de noche.

 

El nuevo mandamiento

 

 Entonces, cuando hubo salido, dijo Jesús:

 

JESUS:

en este tiempo es exaltado el Hijo del Hombre, y el Poderoso es exaltado en él. Si el Hijo ha exaltado al Poderoso, el Poderoso también exaltará al Hijo, y lo hará pronto.

 Hijitos, aún estaré con vosotros un poco. Me buscaréis; pero como dije a los judíos, así os digo ahora a vosotros: A donde yo voy, vosotros no podéis ir. Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.

En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.

 

NARRADOR:

 Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo:

 

JESUS:

Tomad, comed; esto es mi cuerpo.

 

NARRADOR:

Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo:

 

JESUS:

Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados. Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.

 

NARRADOR:

Jesús anuncia la negación de Pedro

 

Y cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos.  Entonces Jesús les dijo:

 

JESUS:

Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas. Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea.

 

NARRADOR:

Respondiendo Pedro, le dijo:

 

PEDRO:

Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré.

 

NARRADOR:

Jesús le dijo:

 

JESUS:

De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces.

 

NARRADOR:

Pedro le dijo:

 

PEDRO:

Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré.

 

NARRADOR:

Y todos los discípulos dijeron lo mismo.

 

Jesús, el camino al Padre

 

JESUS:

No se turbe vuestro corazón; confiáis en el Poderoso, confiad también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino.

Le dijo Tomás: Amo, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino? Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto.

 

NARRADOR:

 Felipe le dijo:

 

FELIPE:

Amo, muéstranos el Padre, y nos basta.

 

NARRADOR:

Jesús le dijo:

 

JESUS:

¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe?

El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? ¿No confías que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras. Confiad que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, confiad por las mismas obras.

 De cierto, de cierto os digo: El que en mí confía, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea

exaltado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.

 

NARRADOR:

La promesa de la energía del Poderoso

 

 JESUS:

Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: la energía de verdad, la cual el mundo no puede recibir, porque no la ve, ni la conoce; pero vosotros la conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.

 No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros. Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis. En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros.

El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.

 

NARRADOR:

Le dijo Judas (no el Iscariote):

 

JUDAS EL BUENO:

Amo, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo?

 

NARRADOR:

Respondió Jesús y le dijo:

 

JESUS:

El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió.

 Os he dicho estas cosas estando con vosotros. Mas el Consolador, la energía del Poderoso, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.

La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. Habéis oído que yo os he dicho: Voy, y vengo a vosotros. Si me amarais, os habríais regocijado, porque he dicho que voy al Padre; porque el Padre mayor es que yo. Y ahora os lo he dicho antes que suceda, para que cuando suceda, creáis. No hablaré ya mucho con vosotros; porque se está acercando el que tiene poder sobre el mundo habitado, pero él no tiene poder sobre mí. El mundo tiene que saber que amo al Padre, y que hago exactamente lo que él me ha ordenado que haga. ¡Levantaos, vámonos de aquí!

 

NARRADOR:

Jesús, la vid verdadera

 

JESUS:

Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he

hablado. Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. En esto es exaltado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos. Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.

Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.

 Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su Amo; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer. No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a

vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé. Esto os mando: Que os améis unos a otros.

 

NARRADOR:

El mundo os aborrecerá

 

JESUS:

 Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece.

 Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su Amo. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra. Mas todo esto os

harán por causa de mi nombre, porque no conocen al Poderoso que me ha enviado. Si yo no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa por su pecado. El que me aborrece

a mí, también a mi Padre aborrece. Si yo no hubiese hecho entre ellos obras que ningún otro ha hecho, no tendrían pecado; pero ahora han visto y han aborrecido a mí y a mi Padre. Pero esto es para que se cumpla la

palabra que está escrita en su ley: Sin causa me aborrecieron. Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, la energía de verdad, la cual procede del Padre, ella dará testimonio acerca de mí. Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio.

Estas cosas os he hablado, para que no tengáis tropiezo. Os expulsarán de las sinagogas; y aun viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio al Poderoso. Y harán esto porque no conocen al

Poderoso, el Padre, ni a mí. Mas os he dicho estas cosas, para que cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho.

 

NARRADOR:

La obra de la energía del Poderoso

 

JESUS:

Esto no os lo dije al principio, porque yo estaba con vosotros. Pero ahora voy al que me envió; y ninguno de vosotros me pregunta: ¿A dónde vas?

Antes, porque os he dicho estas cosas, tristeza ha llenado vuestro corazón.

 Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.

Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.

De pecado, por cuanto no confían en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado.

 Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga la energía de verdad, ella os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. Ella me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber.

 

NARRADOR:

La tristeza se convertirá en gozo

 

JESUS:

 Todavía un poco, y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis; porque yo voy al Padre. Entonces se dijeron algunos de sus discípulos unos a otros:

 

DISCIPULO 3:

 ¿Qué es esto que nos dice: Todavía un poco y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis; y, porque yo voy al Padre?

 

NARRADOR:

Decían, pues:

 

DISCIPULO 3:

¿Qué quiere decir con: Todavía un poco? No entendemos lo que habla.

 

NARRADOR:

Jesús conoció que querían preguntarle, y les dijo:

 

JESUS:

¿Preguntáis entre vosotros acerca de esto que dije: Todavía un poco y no me veréis, y de nuevo un poco y me veréis? De cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo se alegrará; pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer cuando da a luz, tiene dolor, porque ha llegado su hora; pero después que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo. También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo. En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido.

 

NARRADOR:

Yo he vencido al mundo

 

JESUS:

 Estas cosas os he hablado en alegorías; la hora viene cuando ya no os hablaré por alegorías, sino que claramente os anunciaré acerca del Padre.

 En aquel día pediréis en mi nombre; y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado, y habéis confiado que yo salí del Poderoso. Salí del Padre, y he

venido al mundo; otra vez dejo el mundo, y voy al Padre.

 

NARRADOR:

 Le dijeron sus discípulos:

 

PEDRO:

He aquí ahora hablas claramente, y ninguna alegoría dices. Ahora entendemos que sabes todas las cosas, y no necesitas que nadie te pregunte; por esto confiamos que has salido del Poderoso.

 

NARRADOR:

Jesús les respondió:

 

JESUS:

¿Ahora confiáis? He aquí la hora viene, y ha venido ya, en que seréis esparcidos cada uno por su lado, y me dejaréis solo; mas no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis tribulación; pero confiad, yo he vencido al mundo.

 

NARRADOR:

Jesús ora por sus discípulos

 

 Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo:

 

JESUS:

Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste. Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Poderoso verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. Yo te he exaltado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. Ahora pues, Padre, dame esa exaltación al lado tuyo que tenía contigo antes que el mundo fuera creado.

 He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti; porque las palabras que

me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han confiado que tú me enviaste. Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son, y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido exaltado en ellos. Y ya no voy a estar en el mundo; mas éstos quedan en el mundo mientras que yo voy a ti.

Padre perfecto, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros. Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese.

 Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi alegría plena en sí mismos. Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los saques del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo. Y en favor de ellos me santifico, para que también ellos sean apartados para ti verdaderamente.

 Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de confiar en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo confíe que tú me enviaste. Y yo les he dado la exaltación que me diste, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo se dé cuenta que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado. Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean el resplandor que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor que me tienes esté en ellos y yo también en ellos.

 

NARRADOR:

Jesús ora en Getsemaní

 

 Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos:

 

JESUS:

Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro.

 

NARRADOR:

Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera. Entonces Jesús les dijo:

 

JESUS:

Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo.

 

NARRADOR:

Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo:

 

JESUS:

Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.

 

NARRADOR:

Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro:

 

JESUS:

¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad, para que no entréis en tentación; la energía a la verdad está dispuesta, pero la carne es débil.

 

NARRADOR:

Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo:

 

JESUS:

Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad.

 

NARRADOR:

Vino otra vez y los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño. Y dejándolos, se fue de nuevo, y oró por tercera vez, diciendo las mismas palabras. Entonces vino a sus discípulos y les dijo:

 

JESUS:

Dormid ya, y descansad. He aquí ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores. Levantaos, vamos; ved, se acerca el que me entrega.

 

NARRADOR:

Arresto de Jesús

 

 Habiendo dicho Jesús estas cosas, salió con sus discípulos al otro lado del torrente de Cedrón, donde había un huerto, en el cual entró con sus discípulos. Y también Judas, el que le entregaba, conocía aquel lugar,

porque muchas veces Jesús se había reunido allí con sus discípulos.

Judas, pues, tomando una compañía de soldados, y alguaciles de los principales sacerdotes y de los fariseos, y de los ancianos del pueblo, fue allí con linternas, antorchas, y con armas. Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo:

 

JUDAS EL TRAIDOR:

Al que yo besare, ése es; prendedle.

 

NARRADOR:

Y en seguida se acercó a Jesús y dijo:

 

JUDAS EL TRAIDOR:

¡Salve, Maestro!

 

NARRADOR:

Y le besó. Y Jesús le dijo:

 

JESUS:

Amigo, ¿a qué vienes? ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre? 

 

NARRADOR:

Pero Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó y les dijo:

 

JESUS:

¿A quién buscáis?

 

NARRADOR:

Le respondieron:

 

SOLDADO:

A Jesús nazareno.

 

NARRADOR:

Jesús les dijo:

 

JESUS:

Yo soy.

 

NARRADOR:

Y estaba también con ellos Judas, el que le entregaba. Cuando les dijo: Yo soy, retrocedieron, y cayeron a tierra.

Volvió, pues, a preguntarles:

 

JESUS:

¿A quién buscáis?

 

NARRADOR:

Y ellos dijeron:

 

SOLDADO:

A Jesús nazareno.

 

NARRADOR:

Respondió Jesús:

 

JESUS:

Os he dicho que yo soy; pues si me buscáis a mí, dejad ir a éstos;

 

NARRADOR:

para que se cumpliese aquello que había dicho: De los que me diste, no perdí ninguno.

Entonces se acercaron y echaron mano a Jesús, y le prendieron.

Viendo los que estaban con él lo que había de acontecer, le dijeron:

 

PEDRO:

Amo, ¿heriremos a espada?

 

NARRADOR:

Y uno de ellos, Simón Pedro, hirió a un siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha, y el siervo se llamaba Malco.  Entonces respondiendo Jesús, dijo:

 

JESUS:

Basta ya; dejad.

 

NARRADOR:

Y tocando su oreja, le sanó.

Jesús entonces dijo a Pedro:

 

JESUS:

Mete tu espada en la vaina; el cáliz que el Padre me ha dado, ¿cómo no voy a beberlo?, porque todos los que tomen espada, a espada perecerán. ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de mensajeros? ¿Pero cómo entonces se cumplirían las Escrituras, de que es necesario que así se haga?

 

NARRADOR:

Y Jesús dijo a los principales sacerdotes, a los jefes de la guardia del templo y a los ancianos, que habían venido contra él:

 

JESUS:

¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y palos? Habiendo estado con vosotros cada día en el templo, no extendisteis las manos contra mí; mas esta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas. Mas todo esto sucede, para que se cumplan las Escrituras de los profetas.

 

NARRADOR:

Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron.

 

Jesús ante el concilio

 

 Los que prendieron a Jesús le llevaron al sumo sacerdote Caifás, adonde estaban reunidos los escribas y los ancianos, y le llevaron primeramente a Anás; porque era suegro de Caifás, que era sumo sacerdote aquel año. Era Caifás el que había dado el consejo a los judíos, de que convenía que un solo hombre muriese por el pueblo.

 Y los principales sacerdotes y los ancianos y todo el concilio, buscaban falso testimonio contra Jesús, para entregarle a la muerte, y no lo hallaron, aunque muchos testigos falsos se presentaban.

Pero al fin vinieron dos testigos falsos, que dijeron:

 

TESTIGO FALSO 1:

Este dijo: Puedo derribar el templo del Poderoso, y en tres días reedificarlo.

 

NARRADOR:

 Y el sumo sacerdote preguntó a Jesús acerca de sus discípulos y de su

doctrina. Jesús le respondió:

 

JESUS:

Yo públicamente he hablado al mundo; siempre he enseñado en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y nada he hablado en oculto. ¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que han oído, qué les haya yo hablado; he aquí, ellos saben lo que yo he dicho.

 

NARRADOR:

Cuando Jesús hubo dicho esto, uno de los alguaciles, que estaba allí, le dio un golpe en la mejilla con un bastón corto, diciendo:

 

SOLDADO:

¿Así respondes al sumo sacerdote?

 

NARRADOR:

Jesús le respondió:

 

JESUS:

Si he hablado mal, testifica en qué está el mal; y si bien, ¿por qué me golpeas?

 

NARRADOR:

Anás entonces le envió atado a Caifás, el sumo sacerdote.

Y levantándose el sumo sacerdote, le dijo:

 

SUMO SACERDOTE CAIFAS:

¿No respondes nada? ¿Qué testifican éstos contra ti?

 

NARRADOR:

Mas Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo:

 

SUMO SACERDOTE CAIFAS:

Te conjuro por el Poderoso viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo del Poderoso.

 

NARRADOR:

Jesús le dijo:

 

JESUS:

Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra de el Poderoso, y viniendo en las nubes del cielo.

 

NARRADOR:

Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo:

 

SUMO SACERDOTE CAIFAS:

¡Ha blasfemado! ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? He aquí, ahora mismo habéis oído su blasfemia.  ¿Qué os parece?

 

NARRADOR:

Y respondiendo ellos, dijeron:

 

SACERDOTES JUDIOS:

¡Es reo de muerte!

 

NARRADOR:

Entonces le escupieron en el rostro, y le dieron de puñetazos, y otros le abofeteaban, diciendo:

 

SACERDOTES JUDIOS:

 

Profetízanos, Cristo, quién es el que te golpeó.

 

NARRADOR:

Pedro niega a Jesús

 

 Mas Pedro y otro discípulo le seguía de lejos hasta el patio del sumo sacerdote; y entrando, se sentó con los alguaciles, para ver el fin.

Y este discípulo era conocido del sumo sacerdote, y entró con Jesús al patio del sumo sacerdote; mas Pedro estaba fuera, a la puerta. Salió, pues, el discípulo que era conocido del sumo sacerdote, y habló a la portera, e hizo entrar a Pedro.

Entonces la criada portera dijo a Pedro:

 

CRIADA PORTERA:

¿No eres tú también de los discípulos de este hombre?

 

NARRADOR:

Dijo él:

 

PEDRO:

No lo soy.

 

NARRADOR:

Y estaban en pie los siervos y los alguaciles que habían encendido un fuego; porque hacía frío, y se calentaban; y también con ellos estaba Pedro en pie, calentándose.

Saliendo Pedro a la puerta, le vio otra, y dijo a los que estaban allí:

 

CRIADA PORTERA 2:

También éste estaba con Jesús el nazareno.

 

NARRADOR:

Pero él negó otra vez con juramento:

 

PEDRO:

No conozco al hombre.

 

NARRADOR:

Un poco después, acercándose los que por allí estaban, dijeron a Pedro:

 

FULANO SIN NOMBRE:

Verdaderamente también tú eres de ellos, porque aun tu manera de hablar te descubre.

 

NARRADOR:

Uno de los siervos del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro había cortado la oreja, le dijo:

 

SIERVO DEL SUMO SACERDOTE:

¿No te vi yo en el huerto con él?

 

NARRADOR:

Negó Pedro otra vez; y en seguida cantó el gallo.

 

QUE ALGUNO HAGA EL RUIDO DE LA CRIATURA GALLINACEA:

KIKIRIQUIIIIII!!!

 

 NARRADOR:

Entonces Pedro se acordó de las palabras de Jesús, que le había dicho:

 

JESUS:

Antes que cante el gallo, me negarás tres veces.

 

NARRADOR:

Y saliendo fuera, lloró amargamente.

 

QUE EL HERMANO QUE HACE DE PEDRO HAGA COMO QUE LLORA.

HUAAAA HUAA HUAAAAAA UFF UFF UFFF

 

NARRADOR:

Jesús ante Pilato

 

 Venida la mañana, todos los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo entraron en consejo contra Jesús, para entregarle a muerte. Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era de mañana, y ellos no entraron en el pretorio para no contaminarse, y así poder comer la pascua.

Y le llevaron atado, y le entregaron a Poncio Pilato, el gobernador.

 Entonces salió Pilato a ellos, y les dijo:

 

PONCIO PILATO:

¿Qué acusación traéis contra este hombre?

 

NARRADOR:

Respondieron y le dijeron:

 

SACERDOTE 1:

Si éste no fuera malhechor, no te lo habríamos entregado.

 

NARRADOR:

Y comenzaron a acusarle, diciendo:

 

SACERDOTE 1:

A éste hemos hallado que pervierte a la nación, y que prohíbe dar tributo a César, diciendo que él mismo es el Cristo, un rey.

 

NARRADOR:

Entonces Pilato le preguntó, diciendo:

 

PONCIO PILATO:

¿Eres tú el Rey de los judíos?

 

NARRADOR:

Y respondiéndole él, dijo:

 

JESUS:

Tú lo dices.

 

NARRADOR:

Y Pilato dijo a los principales sacerdotes, y a la gente:

 

PONCIO PILATO:

Ningún delito hallo en este hombre.

 

NARRADOR:

Pero ellos porfiaban, diciendo:

 

SACERDOTE 1:

Alborota al pueblo, enseñando por toda Judea, comenzando desde Galilea hasta aquí.

 

NARRADOR:

Jesús ante Herodes

 

 Entonces Pilato, oyendo decir, Galilea, preguntó si el hombre era galileo.

Y al saber que era de la jurisdicción de Herodes, le remitió a Herodes, que en aquellos días también estaba en Jerusalén.

Herodes, viendo a Jesús, se alegró mucho, porque hacía tiempo que deseaba verle; porque había oído muchas cosas acerca de él, y esperaba verle hacer alguna señal. Y le hacía muchas preguntas, pero él nada le respondió. Y estaban los principales sacerdotes y los escribas acusándole con gran vehemencia.

Entonces Herodes con sus soldados le menospreció y escarneció, vistiéndole de una ropa espléndida; y volvió a enviarle a Pilato. Y se hicieron amigos Pilato y Herodes aquel día; porque antes estaban enemistados entre sí.

Entonces les dijo Pilato:

 

PONCIO PILATO:

Tomadle vosotros, y juzgadle según vuestra ley.

 

NARRADOR:

Y los judíos le dijeron:

 

SACERDOTE 1:

A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie;

 

NARRADOR:

para que se cumpliese la palabra que Jesús había dicho, cuando indicó de qué muerte iba a morir.

 Entonces Pilato volvió a entrar en el pretorio, y llamó a Jesús y le dijo:

 

PONCIO PILATO:

¿Eres tú el Rey de los judíos?

 

NARRADOR:

Jesús le respondió:

 

JESUS:

¿Dices tú esto por ti mismo, o te lo han dicho otros de mí?

 

NARRADOR:

Pilato le respondió:

 

PONCIO PILATO:

¿Soy yo acaso judío? Tu nación, y los principales sacerdotes, te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?

 

NARRADOR:

Respondió Jesús:

 

JESUS:

Mi realeza no procede de este orden mundial, si mi realeza procediera de este orden mundial, mis servidores habrían luchado para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi realeza no procede de aquí.

 

NARRADOR:

Le dijo entonces Pilato:

 

PONCIO PILATO:

¿Luego, eres tú rey?

 

NARRADOR:

Respondió Jesús:

 

JESUS:

Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para hablar de la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz.

 

NARRADOR:

Le dijo Pilato:

 

PONCIO PILATO:

¿Qué significa “verdad”?

 

NARRADOR:

Y cuando hubo dicho esto, salió otra vez a los judíos, y les dijo:

 

PONCIO PILATO:

Yo no hallo en él ningún delito.

 

NARRADOR:

 Ahora bien, en el día de la fiesta acostumbraba el gobernador soltar al pueblo un preso, el que quisiesen. Y tenían entonces un preso famoso llamado Barrabás, que era un ladrón. Reunidos, pues, ellos, les dijo Pilato:

 

PONCIO PILATO:

¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás, o a Jesús, llamado el Cristo?

 

NARRADOR:

Porque sabía que por envidia le habían entregado. Y estando él sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir:

 

ESPOSA DE PONCIO PILATO:

No tengas nada que ver con ese justo; porque hoy he padecido mucho en sueños por causa de él.

 

NARRADOR:

Pero los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud que pidiese a Barrabás, y que Jesús fuese muerto.

Pilato les dijo:

 

PONCIO PILATO:

¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo?

 

NARRADOR:

Todos le dijeron:

 

VARIOS HERMANOS A LA VEZ:

¡Sea clavado en el madero de tormento!

 

NARRADOR:

Y el gobernador les dijo:

 

PONCIO PILATO:

Pues ¿qué mal ha hecho?

 

NARRADOR:

Pero ellos gritaban aún más, diciendo:

 

VARIOS HERMANOS A LA VEZ:

¡Sea clavado en el madero de tormento!

 

NARRADOR:

Los judíos le respondieron:

 

SUMO SACERDOTE:

Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley debe morir, porque se hizo a

sí mismo Hijo del Poderoso.

 

NARRADOR:

Cuando Pilato oyó decir esto, tuvo más miedo.

 Y entró otra vez en el pretorio, y dijo a Jesús:

 

PONCIO PILATO:

¿De dónde eres tú?

 

NARRADOR:

Mas Jesús no le dio respuesta. Entonces le dijo Pilato:

 

PONCIO PILATO:

¿A mí no me hablas?

¿No sabes que tengo poder para clavarte en un madero, y que tengo poder para soltarte?

 

NARRADOR:

Respondió Jesús:

 

JESUS:

Ningún poder tendrías sobre mí, si no te fuese dado de arriba; por tanto, el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene.

 

NARRADOR:

 Desde entonces procuraba Pilato soltarle; pero los judíos daban voces,

diciendo:

 

SACERDOTE 1:

Si a éste sueltas, no eres amigo de César; todo el que se hace rey,

a César se opone.

 

NARRADOR:

Entonces Pilato, oyendo esto, llevó fuera a Jesús, y se sentó en el tribunal en el lugar llamado el Enlosado, y en hebreo Gabata.

Era la preparación de la pascua, y como la hora sexta. Entonces dijo a los judíos:

 

PONCIO PILATO:

¡He aquí vuestro Rey!

 

NARRADOR:

Pero ellos gritaron:

 

VARIOS HERMANOS A LA VEZ:

¡Fuera, fuera, clávale en un madero!

 

NARRADOR:

Pilato les dijo:

 

PONCIO PILATO:

¿A vuestro Rey he de clavar en un madero?

 

NARRADOR:

Respondieron los principales sacerdotes:

 

SACERDOTE 1:

No tenemos más rey que César.

 

NARRADOR:

Jesús fue vestido con un manto púrpura, y Pilato les dijo:

 

PONCIO PILATO:

¡He aquí el hombre!

 

NARRADOR:

Cuando le vieron los principales sacerdotes y los alguaciles, dieron voces, diciendo:

 

SACERDOTE 1:

¡Clávale en un madero! Clávale en un madero!

 

NARRADOR:

Pilato les dijo:

 

PONCIO PILATO:

Tomadle vosotros, y clavadle en un madero; porque yo no hallo delito en él.

 

NARRADOR:

Viendo Pilato que nada adelantaba, sino que se hacía más alboroto, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo:

 

PONCIO PILATO:

Inocente soy yo de la sangre de este justo; allá vosotros.

 

NARRADOR:

Y respondiendo todo el pueblo, dijo:

 

SACERDOTE 1:

Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos.

 

NARRADOR:

Entonces les soltó a Barrabás; y habiendo azotado a Jesús, le entregó para ser clavado en el madero de tormento.

 Entonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio, y reunieron alrededor de él a toda la compañía; y desnudándole, le echaron encima un manto de escarlata, y pusieron sobre su cabeza una corona

tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; e hincando la rodilla delante de él, le escarnecían, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos! Y escupiéndole, tomaban la caña y le golpeaban en la cabeza. Después de

haberle escarnecido, le quitaron el manto, le pusieron sus vestidos, y le llevaron para clavarle en el madero.

Tomaron, pues, a Jesús, y le llevaron.

 

Muerte de Judas

 

 Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos, diciendo:

 

JUDAS EL TRAIDOR:

Yo he pecado entregando sangre inocente.

 

NARRADOR:

Mas ellos dijeron:

 

SACERDOTE 1:

¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú!

 

NARRADOR:

Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó.

Los principales sacerdotes, tomando las piezas de plata, dijeron: No es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque es precio de sangre. Y después de consultar, compraron con ellas el campo del alfarero, para sepultura de los extranjeros. Por lo cual aquel campo se llama hasta el día de hoy: Campo de sangre. Así se cumplió lo dicho por el profeta Jeremías, cuando dijo: Y tomaron las treinta piezas de plata, precio del apreciado, según precio puesto por los hijos de Israel; y las dieron para el campo del alfarero, como me ordenó el Amo.

 

Jesús es clavado en el madero y muere

 

 Y él, cargando su madero de tormento, salió al lugar llamado de la

Calavera, y en hebreo, Gólgota; Cuando salían, hallaron a un hombre de Cirene que se llamaba Simón; a éste obligaron a que llevase el madero de tormento.

Y allí, en el Gólgota, le clavaron en un madero, y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio. Escribió también Pilato un título, que puso sobre el madero de tormento, el cual decía: ESTE ES JESÚS NAZARENO, EL REY DE LOS JUDÍOS. Y muchos de los judíos leyeron este título; porque el lugar donde Jesús fue clavado en el madero de tormento estaba cerca de la ciudad, y el título estaba escrito en hebreo, en griego y en latín.

Dijeron a Pilato los principales sacerdotes de los judíos:

 

SACERDOTE 1:

No escribas: Rey de los judíos; sino, que él dijo: Soy Rey de los judíos.

 

NARRADOR:

Respondió Pilato:

 

PONCIO PILATO:

Lo que he escrito, he escrito.

 

NARRADOR:

Cuando los soldados hubieron clavado en el madero de tormento a Jesús, tomaron sus vestidos, e hicieron cuatro partes, una para cada soldado.

Tomaron también su túnica, la cual era sin costura, de un solo tejido de arriba abajo. Entonces dijeron entre sí:

 

SOLDADO 1:

No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, a ver de quién será.

 

NARRADOR:

Esto fue para que se cumpliese la Escritura, que dice:

Repartieron entre sí mis vestidos, Y sobre mi ropa echaron suertes.

Y así lo hicieron los soldados.

Estaban junto al madero de tormento de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena.

Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre:

 

JESUS:

Mujer, he ahí tu hijo.

 

NARRADOR:

Después dijo al discípulo:

 

JESUS:

He ahí tu madre.

 

NARRADOR:

Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.

 Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza, y diciendo:

 

SACERDOTE 1:

Tú que derribas el templo, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres Hijo del Poderoso, desciende del madero de tormento.

 

NARRADOR:

De esta manera también los principales sacerdotes, escarneciéndole con los escribas y los fariseos y los ancianos, decían:

 

SACERDOTE 2:

A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar; si es el Rey de Israel, descienda ahora del madero de tormento, y confiaremos en él. Confió en el Poderoso; líbrele ahora si le quiere; porque ha dicho: Soy Hijo del Poderoso.

 

NARRADOR:

Lo mismo le injuriaban también los ladrones que estaban clavados en maderos de tormentos con él.

Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo:

 

LADRON MALO:

Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros.

 

NARRADOR:

Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo:

 

LADRON BUENO:

¿Ni aun temes tú al Poderoso, estando en la misma condenación? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo.

 

NARRADOR:

Y dijo a Jesús:

 

LADRON BUENO:

Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.

 

NARRADOR:

Entonces Jesús le dijo:

 

JESUS:

De cierto te digo hoy: estarás conmigo en el paraíso.

 

NARRADOR:

 Cuando era como la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta

la hora novena. Y el sol se oscureció.

Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo:

 

JESUS:

Elí, Elí, ¿lama sabactani?

 

NARRADOR:

Esto es:

 

JESUS:

Poderoso mío, Poderoso mío, ¿por qué me has desamparado?

 

NARRADOR:

Algunos de los que estaban allí decían, al oírlo:

 

SOLDADO 1:

A Elías llama éste.

 

NARRADOR:

Y al instante, corriendo uno de ellos, tomó una esponja, y la empapó de vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber. Pero los otros decían:

 

SOLDADO 2:

Deja, veamos si viene Elías a librarle.

 

NARRADOR:

Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese:

 

JESUS:

Tengo sed.

 

NARRADOR:

Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca.

Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo:

 

JESUS:

“¡Se ha cumplido!. Padre, en tus manos encomiendo mi energía."

 

NARRADOR:

Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el aliento de vida.

Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron; y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de apartados para el Poderoso que habían dormido, se levantaron;

y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos.

El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, dio alabanza al Poderoso, diciendo:

 

SOLDADO 1:

Verdaderamente este hombre era justo.

 

NARRADOR:

Cuando el centurión vio lo que había acontecido, y toda la multitud de los que estaban presentes en este espectáculo, se volvían golpeándose el pecho. Pero todos sus conocidos, y las mujeres que le habían seguido desde Galilea para servirle, estaban lejos mirando estas cosas, entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.

 

El costado de Jesús traspasado

 

 Entonces los judíos, por cuanto era la preparación de la pascua, a fin de que los cuerpos no quedasen en el madero de tormento en el día de reposo (pues aquel día de reposo era de gran solemnidad), rogaron a Pilato que se les quebrasen las piernas, y fuesen quitados de allí. Vinieron, pues, los soldados, y quebraron las piernas al primero, y asimismo al otro que había sido clavado en el madero de tormento con él. Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas. Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua. Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis. Porque estas cosas sucedieron para que se cumpliese la Escritura: No será quebrado hueso suyo. Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron.

 

Jesús es sepultado

 

 Había un varón llamado José, de Arimatea, ciudad de Judea, el cual era miembro del concilio, varón bueno y justo, el cual era discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos. Este, que también esperaba el reino del Poderoso, y no había consentido en el acuerdo ni en los hechos de ellos, fue a Pilato, y le rogó le permitiese llevarse el cuerpo de Jesús, y Pilato se lo concedió. Y tomando el cuerpo de Jesús lo envolvió en una sábana limpia, en lienzos, con especias aromáticas, según es costumbre sepultar entre los judíos. Y en el lugar donde había sido clavado en el madero de tormento había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, abierto en una peña, en el cual aún no había sido puesto ninguno.

También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras.

Allí, pues, por causa de la preparación de la pascua de los judíos, y porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús, y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue. Y estaban allí María Magdalena, y la otra María, sentadas delante del sepulcro.

 Era día de la preparación, y estaba para comenzar el día de reposo. Y las mujeres que habían venido con él desde Galilea, siguieron también, y vieron el sepulcro, y cómo fue puesto su cuerpo.

 Y vueltas, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el día de reposo, conforme al mandamiento.

 

La guardia ante la tumba

 

 Al día siguiente, que es después de la preparación, se reunieron los principales sacerdotes y los fariseos ante Pilato, diciendo:

 

SACERDOTE 1:

Amo, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré. Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos de noche, y lo hurten, y digan al pueblo: Resucitó de entre los muertos. Y será el postrer error peor que el primero.

 

NARRADOR:

Y Pilato les dijo:

 

PONCIO PILATO:

Ahí tenéis una guardia; id, aseguradlo como sabéis.

 

NARRADOR:

Entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia.

 

La resurrección

 

 Cuando pasó el día de reposo, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle. Y muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro, ya salido el sol.

 Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro?

Y hubo un gran terremoto; porque un mensajero del Amo, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella. Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos.

Y cuando las mujeres llegaron, vieron removida la piedra, que era muy grande. Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron. Mas él

les dijo:

 

ANGEL:

No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el que fue clavado en el madero de tormento; ha resucitado, como dijo, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron. Id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. Id y decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo. He aquí ya os lo he dicho.

 

NARRADOR:

Y ellas se fueron huyendo del sepulcro, porque les había tomado temblor y espanto; ni decían nada a nadie, porque tenían miedo.

Entonces María Magdalena corrió, y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel al que amaba Jesús, y les dijo:

 

MARIA MAGDALENA:

Se han llevado del sepulcro al Amo, y no sabemos dónde le han puesto.

 

NARRADOR:

Y salieron Pedro y el otro discípulo, y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Y bajándose a mirar, vio los lienzos allanados, lisos, pero no entró. Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos allanados, lisos y el sudario, que había estado enrollado alrededor de la cabeza de Jesús, no allanado como los lienzos, sino enrollado en su mismo sitio. Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y confió. Porque aún no habían entendido la Escritura, que era necesario que él resucitase de los muertos. Y volvieron los discípulos a los suyos.

 

Jesús se aparece a María Magdalena

 

 Habiendo, pues, resucitado Jesús, por la mañana del primer día de la semana se apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios.

María estaba fuera llorando junto al sepulcro; y mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro; y vio a dos mensajeros con vestiduras blancas, que estaban sentados el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto. Y le dijeron:

 

ANGEL:

Mujer, ¿por qué lloras?

 

NARRADOR:

Les dijo:

 

MARIA MAGDALENA:

Porque se han llevado a mi Amo, y no sé dónde le han puesto.

 

NARRADOR:

Cuando había dicho esto, se volvió, y vio a Jesús que estaba allí; mas no sabía que era Jesús. Jesús le dijo:

 

JESUS:

Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?

 

NARRADOR:

Ella, pensando que era el hortelano, le dijo:

 

MARIA MAGDALENA:

Amo, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré.

 

NARRADOR:

Jesús le dijo:

 

JESUS:

¡María!

 

NARRADOR:

Volviéndose ella, le dijo:

 

MARIA MAGDALENA:

¡Raboni!

 

NARRADOR:

(que quiere decir, Maestro).

Jesús le dijo:

 

JESUS:

No me retengas, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Poderoso y a vuestro Poderoso.

 

NARRADOR:

Fue entonces María Magdalena para dar a los discípulos las nuevas de que había visto al Amo, y que él le había dicho estas cosas. Yendo ella, lo hizo saber a los que habían estado con él, que estaban tristes y llorando. Ellos, cuando oyeron que vivía, y que había sido visto por ella, no lo creyeron.

Y mientras las otras mujeres iban a dar las nuevas a los discípulos, he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo:

 

JESUS:

¡Salve!

 

NARRADOR:

Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le dieron reverencia.

Entonces Jesús les dijo:

 

JESUS:

No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán.

 

NARRADOR:

Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos.

 

El informe de la guardia

 

 Mientras ellas iban, he aquí unos de la guardia fueron a la ciudad, y dieron aviso a los principales sacerdotes de todas las cosas que habían acontecido. Y reunidos con los ancianos, y habido consejo, dieron mucho

dinero a los soldados, diciendo:

 

SACERDOTE 1:

Decid vosotros: Sus discípulos vinieron de noche, y lo hurtaron, estando nosotros dormidos. Y si esto lo oyere el gobernador, nosotros le persuadiremos, y os pondremos a salvo.

 

NARRADOR:

Y ellos, tomando el dinero, hicieron como se les había instruido. Este dicho se ha divulgado entre los judíos hasta el día de hoy.

 

En el camino a Emaús

 

 Pero después apareció en otra forma a dos de ellos que iban de camino, yendo al campo.

 He aquí eso dos discípulos iban el mismo día a una aldea llamada Emaús, que estaba a sesenta estadios de Jerusalén. E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acontecido. Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos.

 Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen. Y les dijo:

 

JESUS:

¿Qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis, y por qué estáis tristes?

 

NARRADOR:

Respondiendo uno de ellos, que se llamaba Cleofas, le dijo:

 

CLEOFAS:

¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no has sabido las cosas que en ella han acontecido en estos días?

 

NARRADOR:

Entonces él les dijo:

 

JESUS:

¿Qué cosas?

 

NARRADOR:

Y ellos le dijeron:

 

CLEOFAS:

De Jesús nazareno, que fue varón profeta, poderoso en obra y en palabra delante del Poderoso y de todo el pueblo; y cómo le entregaron los principales sacerdotes y nuestros gobernantes a sentencia de muerte, y le clavaron en un madero. Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel; y ahora, además de todo esto, hoy es ya el tercer día que esto ha acontecido. Aunque también nos han asombrado unas mujeres de entre nosotros, las que antes del día fueron al sepulcro; y como no hallaron su cuerpo, vinieron diciendo que también habían visto visión de mensajeros, quienes dijeron que él vive. Y fueron algunos de los nuestros al sepulcro, y hallaron así como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron.

 

NARRADOR:

Entonces él les dijo:

 

JESUS:

¡Oh insensatos, y tardos de corazón para confiar todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que fuera exaltado?

 

NARRADOR:

Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían.

 Llegaron a la aldea adonde iban, y él hizo como que iba más lejos.

Mas ellos le obligaron a quedarse, diciendo:

 

CLEOFAS:

Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado.

 

NARRADOR:

Entró, pues, a quedarse con ellos.

 Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y bendijo al Poderoso, lo partió, y les dio. Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista. Y se decían el

uno al otro:

 

CLEOFAS:

¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?

 

NARRADOR:

Y levantándose en la misma hora, volvieron a Jerusalén, y hallaron a los once reunidos, y a los que estaban con ellos, que decían:

 

DISCIPULO 1:

Ha resucitado el Amo verdaderamente, y ha aparecido a Simón.

 

NARRADOR:

Entonces ellos contaban las cosas que les habían acontecido en el camino, y cómo le habían reconocido al partir el pan, y ni aun a ellos creyeron.

 

Jesús se aparece a los discípulos

 

Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa.

 Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo:

 

JESUS:

Paz a vosotros,

 

NARRADOR:

y les reprochó su desconfianza y dureza de corazón, porque no habían confiado en los que le habían visto resucitado.

Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían un espíritu. Pero él les dijo:

 

JESUS:

¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.

 

NARRADOR:

Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies.

Y como todavía ellos, de gozo, no lo creían, y estaban maravillados, les dijo:

 

JESUS:

¿Tenéis aquí algo de comer?

 

NARRADOR:

Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. Y él lo tomó, y comió delante de ellos.

Y los discípulos se regocijaron viendo al Amo.

Entonces Jesús les dijo otra vez:

 

JESUS:

Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío.

 

NARRADOR:

Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo:

 

JESUS:

Recibid la energía del Poderoso. A quienes perdonéis los pecados, les son perdonados; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos.

 

NARRADOR:

Y les dijo Jesús:

 

JESUS:

Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.

 

NARRADOR:

Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras; y les dijo:

 

JESUS:

así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el cambio de la forma de pensar y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. Y vosotros sois testigos de estas cosas. He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.

 

NARRADOR:

Y les dijo:

 

JESUS:

Id por todo el mundo y predicad la Buena Noticia a toda criatura. El que confíe y fuere bautizado, será salvo; mas el que no confíe, será condenado. Y estas señales seguirán a los que confían: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevos idiomas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.

 

NARRADOR:

Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. Y cuando le vieron, le dieron reverencia; pero algunos dudaban. Y Jesús se acercó y les habló diciendo:

 

La gran comisión

 

JESUS:

Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en mi nombre; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin de esta era.

 

NARRADOR:

 

Desconfianza de Tomás

 

 Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino. Le dijeron, pues, los otros discípulos:

 

PEDRO:

Al Amo hemos visto.

 

NARRADOR:

El les dijo:

 

TOMAS:

Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no confiaré.

 

NARRADOR:

 Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo:

 

JESUS:

Paz a vosotros.

 

NARRADOR:

Luego dijo a Tomás:

 

JESUS:

Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.

 

NARRADOR:

Entonces Tomás respondió y le dijo:

 

TOMÁS:

¡Amo mío, y Poderoso mío!

 

NARRADOR:

Jesús le dijo:

 

JESUS:

Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.

 

NARRADOR:

 

El propósito del libro

 

 Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo del Poderoso, y para que perseverando en la verdadera doctrina, tengáis vida en su nombre.

 

Jesús se aparece a siete de sus discípulos

 

 Después de esto, Jesús se manifestó otra vez a sus discípulos junto al mar de Tiberias; y se manifestó de esta manera:

Estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado el Dídimo, Natanael el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo, y otros dos de sus discípulos. Simón Pedro les dijo:

 

PEDRO:

Me voy a pescar.

 

NARRADOR:

Ellos le dijeron:

 

DISCIPULO 1:

Vamos nosotros también contigo.

 

NARRADOR:

Fueron, y entraron en una barca; y aquella noche no pescaron nada.

 Cuando ya iba amaneciendo, se presentó Jesús en la playa; mas los discípulos no sabían que era Jesús. Y les dijo:

 

JESUS:

Hijitos, ¿tenéis algo de comer?

 

NARRADOR:

Le respondieron:

 

PEDRO:

No.

 

NARRADOR:

El les dijo:

 

JESUS:

Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis.

 

NARRADOR:

Entonces la echaron, y ya no la podían sacar, por la gran cantidad de peces. Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro:

 

JUAN

¡Es el Amo!.

 

NARRADOR:

Simón Pedro, cuando oyó que era el Amo, se ciñó la ropa (porque se había despojado de ella), y se echó al mar. Y los otros discípulos vinieron con la barca, arrastrando la red de peces, pues no distaban de tierra sino como doscientos codos.

 Al descender a tierra, vieron brasas puestas, y un pez encima de ellas, y

pan. Jesús les dijo:

 

JESUS:

Traed de los peces que acabáis de pescar.

 

NARRADOR:

Subió Simón Pedro, y sacó la red a tierra, llena de grandes peces, ciento cincuenta y tres; y aun siendo tantos, la red no se rompió.

Les dijo Jesús:

 

JESUS:

Venid, comed.

 

NARRADOR:

Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ¿Tú, quién eres? sabiendo que era el Amo.

Vino, pues, Jesús, y tomó el pan y les dio, y asimismo del pescado. Esta era ya la tercera vez que Jesús se manifestaba a sus discípulos, después de haber resucitado de los muertos.

 

Apacienta mis ovejas

 

 Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro:

 

JESUS:

Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos?

 

NARRADOR:

Le respondió:

 

PEDRO:

Sí, Amo; tú sabes que te amo.

 

NARRADOR:

El le dijo:

 

JESUS:

Apacienta mis corderos.

 

NARRADOR:

Volvió a decirle la segunda vez:

 

JESUS:

Simón, hijo de Jonás, ¿me amas?

 

NARRADOR:

Pedro le respondió:

 

PEDRO:

Sí, Amo; tú sabes que te amo.

 

NARRADOR:

Le dijo:

 

JESUS:

Pastorea mis ovejas.

 

NARRADOR:

Le dijo la tercera vez:

 

JESUS:

Simón, hijo de Jonás, ¿me amas?

 

NARRADOR:

Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió:

 

PEDRO:

 Amo, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo.

 

NARRADOR:

Jesús le dijo:

 

JESUS:

Apacienta mis ovejas.

De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras.

 

NARRADOR:

Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar al Poderoso.

Y dicho esto, añadió:

 

JESUS:

Sígueme.

 

NARRADOR:

El discípulo amado

 

 Volviéndose Pedro, vio que les seguía el discípulo a quien prefería Jesús, el mismo que en la cena se había recostado al lado de él, y le había dicho: Amo, ¿quién es el que te ha de entregar? Cuando Pedro le vio, dijo a Jesús:

 

PEDRO:

Amo, ¿y qué de éste?

 

NARRADOR:

Jesús le dijo:

 

JESUS:

Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú.

 

NARRADOR:

Este dicho se extendió entonces entre los hermanos, que aquel discípulo no moriría. Pero Jesús no le dijo que no moriría, sino: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti?

 Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas, y escribió estas cosas; y sabemos que su testimonio es verdadero.

 

La Ascensión de Jesús al cielo

 

LUCAS:

En el relato anterior, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar, hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por la energía del Poderoso a

los enviados que había escogido; a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas convincentes, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino del Poderoso. Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí.  Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados

con la energía del Poderoso dentro de no muchos días.

Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo:

 

PEDRO:

Amo, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?

 

NARRADOR:

Y les dijo:

 

JESUS:

No os toca a vosotros saber el tiempo o la ocasión que el Padre determinó con su propia autoridad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros la energía del Poderoso, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.

 

NARRADOR:

Y Jesús los sacó fuera hasta Betania, y alzando sus manos, los bendijo. Y aconteció que bendiciéndolos, se separó de ellos, y fue llevado arriba al cielo, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos, y se sentó a la diestra del Poderoso.

Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales también les dijeron:

 

ANGEL:

Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo.

 

NARRADOR:

Ellos, después de haberle dado reverencia, volvieron a Jerusalén con gran gozo, desde el monte de los Olivos, el cual está cerca de Jerusalén, camino de un día de reposo.

Y entrados, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro y Jacobo, Juan, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas hermano de Jacobo.

Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos. Y estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo al Poderoso, predicando en todas partes, ayudándoles el Amo y confirmando la palabra con las señales que la seguían.

 Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales si se

escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir.

Con toda certeza así es.

 

FIN

 

Tito Martínez

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Telf: +34619342549

 

 

Biblioteca bíblica recomendada escrita por Tito Martínez:

 

1.                 http://www.las21tesisdetito.com/adventistas_y_mesianicos.htm

2.                 http://www.las21tesisdetito.com/el_milenio.htm

3.                 http://www.las21tesisdetito.com/jesus_senior.htm

4.                 http://www.las21tesisdetito.com/cristo_eterno.htm

5.                 http://www.las21tesisdetito.com/trono_de_dios.htm

6.                 http://www.las21tesisdetito.com/juicio.htm

7.                 http://www.las21tesisdetito.com/eterno.htm

8.                 http://www.las21tesisdetito.com/reyes_y_sacerdotes.htm

9.                 http://www.las21tesisdetito.com/tierra_plana.htm

10.             http://www.las21tesisdetito.com/nuevo_nacimiento.htm

11.             http://www.las21tesisdetito.com/nuevotestamento.htm

12.             http://www.las21tesisdetito.com/catecismo.htm

13.             http://www.las21tesisdetito.com/credo.htm

14.             http://www.las21tesisdetito.com/rosario.htm

15.             http://www.las21tesisdetito.com/purgatorio.htm

16.             http://www.las21tesisdetito.com/maria.htm

17.             http://www.las21tesisdetito.com/salvacion_eterna.htm

18.             http://www.las21tesisdetito.com/espiritu_santo.htm

19.             http://www.las21tesisdetito.com/debate_con_pretribulacionista.htm

20.             http://www.las21tesisdetito.com/cruz_satanica.htm

21.             http://www.las21tesisdetito.com/a_todos_los_tj.htm

22.             http://www.las21tesisdetito.com/las_dos_putas.htm

23.             http://www.las21tesisdetito.com/mentira.htm

24.             http://www.las21tesisdetito.com/siete_sellos.htm

25.             http://www.las21tesisdetito.com/la_verdad.htm

26.             http://www.las21tesisdetito.com/video_satanico.htm

27.             http://www.las21tesisdetito.com/alma.htm

28.             http://www.las21tesisdetito.com/discurso_profetico.htm

29.             http://www.las21tesisdetito.com/la_higuera.htm

30.             http://www.las21tesisdetito.com/miguel_rosell.htm

31.             http://www.las21tesisdetito.com/escogidos.htm

32.             http://www.las21tesisdetito.com/el_rapto_satanico.htm

33.             http://www.las21tesisdetito.com/pretribulacionismo.pdf

34.             http://www.las21tesisdetito.com/elrapto.htm

35.             http://www.las21tesisdetito.com/respuesta_a_un_evangelico.htm

36.             http://www.las21tesisdetito.com/bolainezyrosell.htm

37.             http://www.las21tesisdetito.com/mentira_trinidad.htm

38.             http://www.las21tesisdetito.com/infierno.htm

39.             http://www.las21tesisdetito.com/salvacion_eterna.htm

40.             http://www.las21tesisdetito.com/muerte_de_jesus.htm

41.             http://www.las21tesisdetito.com/por_avaricia.htm

42.             http://www.las21tesisdetito.com/catecismo.htm

43.             http://www.las21tesisdetito.com/eucaristia_satanica.htm

44.             http://www.las21tesisdetito.com/respuesta_a_paposo.htm

45.             http://www.las21tesisdetito.com/calvinismo.htm

46.             http://www.las21tesisdetito.com/pablo_vio_a_jesus.htm

47.             http://www.las21tesisdetito.com/la_higuera.htm

48.             http://www.las21tesisdetito.com/apostoles.htm

49.             http://www.las21tesisdetito.com/esteban_bohr.htm

50.             http://www.las21tesisdetito.com/dawlin_urena.htm

51.             http://www.las21tesisdetito.com/gary_lee.htm

52.             http://www.las21tesisdetito.com/daviddiamond.htm

53.             http://www.las21tesisdetito.com/armando_alducin.htm

54.             http://www.las21tesisdetito.com/sectas_de_esclavos.htm

55.             http://www.las21tesisdetito.com/adan.htm

56.             http://www.las21tesisdetito.com/jesus.htm

57.             http://www.las21tesisdetito.com/portodos.htm

58.             http://www.las21tesisdetito.com/pentecostalismo_falso.htm

59.             http://www.las21tesisdetito.com/adorad_al_padre.htm

60.             http://www.las21tesisdetito.com/mensaje_a_judios.htm

61.             http://www.las21tesisdetito.com/fuente_de_muerte.htm

62.             http://www.las21tesisdetito.com/contra_ieve.htm

63.             http://www.las21tesisdetito.com/no_sera_mundial.htm

64.             http://www.las21tesisdetito.com/evangelio.htm

65.             http://www.las21tesisdetito.com/ladoctrina.htm

66.             http://www.las21tesisdetito.com/fornicacion.htm

67.             http://www.las21tesisdetito.com/discurso.htm

68.             http://www.las21tesisdetito.com/granmentirasatanica.htm

69.             http://www.las21tesisdetito.com/jehovitoatalayado.htm

70.             http://www.las21tesisdetito.com/samuel.htm

71.             http://www.las21tesisdetito.com/ignis.htm

72.             http://www.las21tesisdetito.com/odiar_a_los_malvados.htm

73.             http://www.las21tesisdetito.com/victor_zarruk.htm

74.             http://www.las21tesisdetito.com/lenguas.htm

75.             http://www.las21tesisdetito.com/judaizantes.htm

76.             http://www.las21tesisdetito.com/isaias.htm

77.             http://www.las21tesisdetito.com/el_falso_don_de_lenguas.htm

78.             http://www.las21tesisdetito.com/yiyeavila.htm

79.             http://www.las21tesisdetito.com/israel.htm

80.             http://www.las21tesisdetito.com/hijodelhombre.htm

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